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domingo, 14 de abril de 2013

En el frente de Tardienta

En el Frente de Tardienta, 1936-1938
Hasta el 30 de junio. Tardienta.

Al cumplirse el 75 aniversario de la ruptura del Frente de Tardienta, el Ayuntamiento propone recuperar ese capítulo de la historia de la Guerra Civil, en el que Tardienta fue centro de atención del fotoperiodismo. Del 14 de Abril hasta el 30 de junio. Horarios: la primera semana, abierto todos los días. Domingos de 18 a 21h. Sala de Exposiciones Municipal.

Exposición de fotografías y catálogo en Tardienta(Huesca) he cedido una pieza de mi colección particular de cámaras Leica, para mi colaborar en recuperar la historia es vital, en Tardienda, en un importante museo británico en el Reino Unido o en el MOMA, todo llegará y contará ahora y siempre con mi compromiso y colaboración personal y económica.

@Octavi Centelles
Llegando a Tardienta, desde mi Ipad.

miércoles, 2 de mayo de 2012

«Nueva York cotidiano» del fotógrafo Saúl Leiter



La belleza del Nueva York cotidiano

Llega a España por primera vez la poco conocida obra del fotógrafo Saul Leiter

Pionero en el uso del color, retrató la Gran Manzana durante 20 años

ver fotogalería
'Hombre con corbata', 1949. / SAUL LEITER (GALERÍA HOWARD GREENBERG, NUEVA YORK)


Tal y como mandaba la tradición familiar, el joven Saul Leiter comenzó a estudiar teología para convertirse en un rabino. Sin embargo, dio un enorme disgusto a su padre cuando empezó a interesarse por la pintura y, para más inri, por la fotografía, un oficio que su progenitor consideraba de perdedores. Saul estaba decidido a ser fotógrafo porque, como dijo después: "No entiendo a la gente que se pasa la vida haciendo lo que no quiere hacer". Así que, con 23 años, Saul Leiter (1923, Pittsburgh, Pensilvania) se colgó una Leica al cuello, cogió una noche un autobús y se escapó a Nueva York para recorrer sus calles y retratar a sus habitantes. Leiter no lo hizo de la manera entonces habitual, sino que empleó el color y tiñó sus imágenes de seres borrosos y sombras en perspectivas inhabituales. Este fotógrafo empleó el color en una época, comienzos de los cincuenta, en la que lo artístico era fotografiar en blanco y negro. El color tenía una connotación comercial, se utilizaba para la publicidad y la moda. Faltaba en la fotografía.
Ahora por primera vez pueden verse en España 89 de esas imágenes en color y en blanco y negro –realizadas entre 1947 y 1960– en la muestra Una búsqueda de la belleza, en la sala de exposiciones de San Benito, en Valladolid. La comisaria de la exposición, la italiana Enrica Vigano, explica por teléfono que Leiter "buscó la belleza de Nueva York en lugares prosaicos, en lo cotidiano". En su sorprendente obra, expuesta en el MoMA en 1953, escogió el color porque, como declaró en una ocasión, "la historia del arte es la historia del color". Sin embargo, como no siempre le satisfacían los tonos que conseguía, demasiado saturados porque las diapositivas eran aún muy imperfectas, "experimentó utilizando películas caducadas". "Un revolucionario", define la comisaria —propietaria en Milán de la pequeña editorial de fotografía Admira—,  a quien dedicó 20 años de su vida a fotografiar la Gran Manzana.
Poco antes de su obra neoyorquina, Leiter había vivido "una iluminación" cuando asistió a una muestra de Henri Cartier-Bresson. Pero mientras el maestro francés definía su arte como la captura del instante decisivo, Leiter hablaba de “instantes de lo inacabado”. “Una blasfemia para la época”, subraya Vigano.
Para la comisaria de la exposición, se trata de un tipo de foto 'sucia', "con sus elementos desordenados"
Las fotos del estadounidense, que podrán contemplarse hasta el 8 de julio en la capital castellano-leonesa, huyen de retratar un Nueva York bello, "sino el caos". Por eso en sus instantáneas vemos lo que Vigano llama "obstáculos". Son cristales, marcos, la nieve o la lluvia, que configuran una foto sucia, "con sus elementos desordenados y en las que se pide al observador que se involucre. Su mensaje, por lo tanto, no es inmediato". Para esta organizadora de exposiciones y coleccionista, "se trata de una fotografía intrigante". "Me gusta cuando no sabemos lo que estamos mirando pero de repente descubrimos lo que hay".
Ese estilo de fotografiar tan "extraño" y su carácter de ermitaño convirtieron a Leiter en un tipo aislado y al que la crítica ninguneó. "Pasé gran parte de mi vida ignorado, pero fui feliz así porque pude aprender a ver lo que otros no veían", señaló. "Él no buscaba el éxito, sino hacer lo que le daba la gana", añade Vigano. Por eso Leiter quedó fuera del mercado y sus amigos tuvieron que ayudarle económicamente porque no podía ni pagar sus deudas. Hasta que empezó a trabajar para publicaciones como Harper’s Bazaar o Esquire. Entonces se convirtió en fotógrafo de moda –también Elle, British Vogue– y ese fue su medio de vida 30 años, hasta 1980.
Sus fotos del Nueva York callejero permanecieron ocultas hasta que en 1993 la galería Howard Geenberg lo redescubrió con una exposición. Le llegó el éxito del que siempre ha huido este hombre que detesta alardear. "No tengo talento para el narcisismo", dijo en una entrevista hace tres años.
Hoy, con 88 años, "está bien físicamente y muy lúcido", añade Vigano, pero lamentablemente no quiere saber nada de entrevistas ni de periodistas. Él solo dice: "Dejadme en paz". Vive en su apartamento neoyorquino rodeado de libros, fotos, lienzos, periódicos… pero no es un nostálgico, con su edad sigue haciendo fotos, aunque ahora con pequeñas cámaras digitales.

lunes, 30 de abril de 2012

El dibujo del millón de euros


Fragmento de 'Mademoiselle Léonie', de Pablo Picasso.
El dibujo del millón de euros solo podía estar firmado por Picasso y no parece arriesgado decir que, en estos momentos, solo ha podido ser adquirido por la poderosa Fundación Mapfre. El dibujo Mademoiselle Léonie (1910), Crayón y tinta china sobre papel de 64,3 x 49,5 centímetros, era propiedad de Marina Picasso, nieta del pintor, beneficiada con el millón de euros que ha desembolsado la aseguradora. Pablo Jiménez Burillo, director general explica que se trata de uno de los escasísimos dibujos que Picasso realizó durante los poco más de dos años que se dedicó intensamente al cubismo. «Es uno de los ejemplos más claros de cubismo analítico, en un momento en el que evolucionaba a un estado más intelectual y puro. La obra no estaba a la venta», añade «pero estábamos detrás de ella desde hace mucho tiempo por su innegable interés. Cuando descubrimos que era propiedad de Marina Picasso, nos costó convencerla. Finalmente hemos rematado la operación».
Mademoiselle Leonie forma parte de un grupo de obras realizadas sobre papel con las que el artista trabajó primero en París  y más tarde, en Cadaqués, donde pasó  el verano en compañía de Fernande Olivier. Eran momentos cruciales para la evolución de la obra del artista. La nueva adquisición de Mapfre es  un estudio preparatorio para los grabados que ilustran la obra Saint Matorel, (escrita por Max Jacob en 1909) por encargo de Henri Kahnweiler, el mítico marchante de la vanguardia parisina de principios del siglo XX.
Pablo Picasso entregó cuatro aguafuertes, que fueron impresos por Les Presses Eugène Delâtre. Se estamparon  106 ejemplares, 6 de ellos sin posibilidad de venta. Realizados entre agosto de 1910, en Cadaqués, y el otoño del mismo año esas estampas están repartidas en colecciones de públicas y privadas de todo el mundo (MoMa, Norton Simon Art Foundation, Casa natal de Picasso en Málaga…) La protagonista de todas ellas es Mademoiselle Leonie. El dibujo ha participado en varias exposiciones celebradas en el National Museum of Modern Art, Tokyo, 1983, en el Museum of Modern Art de Nueva York, 1990 o en la Tate Gallery, Londres, 1994.
La colección Mapfre, con más de 1.500 obras , posee varias obras más del artista malagueño : Maternidad (1901) y Arlequín y Polichinela más la colección de grabados que componen la Suite Vollard, 100 estampas encargadas por el marchante Ambroise Vollard y firmadas entre 1930 y 1937.
Pese al coste de la operación, ni de lejos se acerca a los logros de la pintura de Picasso en el mercado. Inamovible desde hace años entre la lista de los cinco primeros más cotizados, el óleo "Nude, Green Leaves and Bust", superó los 81 millones de euros en una subasta celebrada en Nueva York.

viernes, 20 de abril de 2012

El desnudo fotográfico



El desnudo fotográfico: de sustituto a arte por derecho propio

Una exposición del Metropolitan de Nueva York recorre la historia del desnudo en fotografía

En más de 60 instantáneas se muestran los diversos usos de la figura humana en ese género


El desnudo en la fotografía es ya todo un género, pero un siglo antes que artistas como Richard Avedon, Robert Mapplethorpe y Helmut Newton lo perfeccionaran, otros pioneros exploraron las variadas vías de retratar el cuerpo al natural y sin ropajes. La representación de la desnudez se analiza minuciosamente en una nueva exposición en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, titulada Desnudos frente a la cámara, que se podrá visitar hasta el 9 de septiembre.
En los albores del género, las fotografías de desnudo se emplearon como sustitutos de los modelos reales para pintura. Era un modo de ofrecerle al artista un posado natural, sin tener que colocar al modelo ante él durante horas. Una de las obras expuestas, una impresión en papel salado de 1853, del francés Julien Vallou de Villeneuve, titulada Desnudo femenino reclinado, es la obvia inspiración del óleo del también francés Gustave Coubert de nombreMujer con loro, de 1866, también expuesto en el mismo museo.
En la exposición se ofrecen varias muestras de ese uso casi utilitarista del desnudo en fotografía, en tiempos de los pioneros del siglo XIX. Se exhiben, sobre todo, retratos de mujeres, y uno de un hombre. Según el gusto artístico e historiográfico de la época, los retratos expuestos tienen tintes clasicistas, convirtiéndose en imitaciones del gusto atribuido a la era grecorromana. Es especialmente representativo un desnudo femenino anónimo de 1856, que remite a las conocidas esculturas de la diosa Venus.
Casi con el mismo sentido de la utilidad, en la era de los pioneros se empleó la cámara con fines de registro científico. Hay en esta exposición una imagen, tomada por Nadar en 1860, que muestra las partes íntimas de un hermafrodita. Se exponen también estudios de movimiento, de musculatura masculina e incluso algunos retratos de corte etnográfico, como Chicas zulú, de 1892-93, del estudio de G. W. Wilson.
Prolegómenos a la toma de conciencia de la fotografía como arte, esas secciones abren la vía al verdadero ingreso del desnudo en elevados círculos estéticos. En período de entreguerras, artistas como Brassaï, Man Ray, André Kertész y Bill Brandt comenzaron a integrar en sus obras la figura femenina al desnudo. Llevaron las posibilidades técnicas de sus instrumentos hasta el extremo, y pasaron del naturalismo más riguroso a la vanguardia más osada.
Desnudo femenino reclinado, de Julien Vallou de Villeneuve, 1853
Un buen ejemplo de ello es Desnudo, tomada entre 1931 y 1934 por el francés nacido en Rumanía Brassaï. El cuerpo, tal y como se compone el retrato, queda mutilado y convertido en una sucesión de curvas y relieves, luces y sombras, en la línea de las vanguardias de la época. Se exhiben también diversas distorsiones ópticas de Kertész, nacido en Hungría y emigrado a Estados Unidos. Empleando espejos de distorsión, logra un efecto expresionista, de extremidades desmesuradas y cuerpos irreconocibles.
Tras la época de experimentación, a finales del siglo XX los grandes autores de la fotografía comenzaron a emplear el desnudo como una forma de expresión personalísima, integrando la figura humana dentro de su propio discurso. Uno de los maestros del desnudo en esa corriente fue el norteamericano Robert Mapplethorpe, que colocó sus instantáneas en el centro de una guerra cultural, por su registro del homoeroticismo y de las conductas sadomasoquistas. De él se exhibe aquí un retrato de Patti Smith tomado en 1976.
En la misma corriente, si bien con un estilo distinto, se hallan Hombre jubilado con su mujer en su casa en un camping nudista una mañana, Nueva Jersey, de 1963, y Un hombre desnudo siendo una mujer, Nueva York, de 1968. Ambas pertenecen a Diane Arbus, una fotógrafa que centró su carrera en observar minuciosamente la extrañez en la esencia humana. Son ambas obras homenajes velados a aquellas personas tachadas de marginales por su diferencia. Y en ese propósito, el desnudo tiene, también, un papel esencial.