Mostrando entradas con la etiqueta blog Centelles Octavi Centelles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta blog Centelles Octavi Centelles. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de mayo de 2013

Enrique Metinides, «Desenfomexicado»


'Desenfomexicado'

Fotografías: Enrique Metinides
Fotografías: Enrique Metinides
Los disparos de Enrique Metinides dejan casi siempre un reguero de sangre en la mirada. Se trata de una sangre, eso sí, nada metafórica. Real como la propia sangre, pero que se desborda en cada instantánea en un recuerdo imborrable y teñido de rojo. Metinides, el mítico fotógrafo mexicano, nos apunta a todos con cada foto y acierta de pleno haciéndonos un agujero inmenso en la frente. Nos obliga Metinides, como mucho tiempo antes hizo el Gran Wee-Gee, a asomarnos a ese abismo insondable y aterrador denominado 'crónica de sucesos'.
Los de Blume publican ahora '101 tragedias de Enrique Metinides', su abultado currículo en formato libro, editado y prologado por Trisha Ziff, y el volumen se convierte en uno de esos escasos ejemplares que hacen de la supervivencia del papel algo obligado por decreto ley.
Novela negra, pura y dura, en fotografías hechas para ilustrar los mismos periódicos que mañana servirán para envolver pescado, o churros, o morcillas. Metinides nos regala una novelaza negrísima en cada foto 'noir' en enchilada con extra de picante. 101 tragedias, ahí sí que el título es de lo más revelador, reconvertidas en relatos 'pulp' a partir del primer vistazo. Poco, muy poco hay que explicar al respecto más allá de lo que sugieren y explican los pies de foto de cada captura, obra del propio fotógrafo.
Aquí, en el territorio Metinides, una imagen vale más, mucho más que mil palabras. Mucho más que los pocos pesos que recibía este 'voyeur' profesional al publicarlas. Tomemos algunos al azar. Os aseguro que no hace falta tener la imagen delante para poder ver, nítidamente, cada foto. Sin embargo, recomiendo hacerse con un ejemplar de este libro para contrastarlas, completarlas; verlas, en definitiva. No os arrepentiréis:
Fotografías de Enrique Metinides.
Fotografías de Enrique Metinides.

Ciudad de México, 26 de julio de 1953.

Fotografías de Enrique Metinides.
Fotografías de Enrique Metinides.
Casi cada día ocurre en la ciudad un crimen pasional de este tipo. Soledad Chávez Herrera había sido asesinada con un cuchillo por Máximo, su celoso esposo. Tras fotografiarla, seguí el cuerpo hasta el depósito de cadáveres, donde fotografíe el arma homicida, a los policías que contemplaban el cuerpo sin vida y a la desconsolada familia. Cuando era posible, me gustaba fotografiar no solo la escena del crimen, sino también el arma, así como obtener imágenes del conjunto, como si estuviera rodando una película de lo que hubiera sucedido.
Fotografías de Enrique Metinides.
Fotografías de Enrique Metinides.
Ciudad de México, 20 de noviembre de 1964. Cuatro hermanos y hermanas observan la pelea entre su padre y su madre. Él le disparó y después de suicidó. Preferí fotografiar los efectos en la familia, la tristeza de los niños, en lugar del horror y el drama del asesinato. No como los fotógrafos de hoy en día.
Cuajimalpa, Ciudad de México, hacia 1970. ¡Ésta es una buena historia! Fui con la Cruz Roja a recuperar el cadáver de una persona que había sido asesinada y arrojada en la carretera a Toluca. El plan era sacar el cuerpo del barranco como si fuera una piñata. Cuando llegamos al lugar de los hechos decidí que el mejor ángulo para tomar la fotografía era desde lo alto. En la carretera no podía ver nada. Por ello subí a un árbol para obtener una perspectiva mejor, pero entonces me di cuenta de que tras de mí había un precipicio, y que estaba atrapado. No podía bajar. ¡La Cruz roja me tuvo que rescatar también a mí!

sábado, 19 de enero de 2013

Foto Henri Cartier Bresson, España años treinta.


Un siglo de fotografía en sus manos

Una exposición en París abre las puertas al tesoro del galerista neoyorquino Howard Greenberg

Una de las míticas fotografías que Henri Cartier-Bresson tomó en España en los años treinta. /HENRI CARTIER-BRESSON / MAGNUM
Existen pocos ciudadanos en el mundo que puedan disfrutar en privado de algunas de las más representativas fotografías del siglo XX, ya sea la España de los años treinta retratada por Henri Cartier-Bresson, el desembarco aliado en Normandía inmortalizado por Robert Capa o la mujer desplazada por la pobreza documentada por Dorothea Lange en el EE UU de la gran recesión.
Igual de raro es contar en el patrimonio personal con un retrato de Gloria Swanson, de Edward Steichen, una copia de Bandit's Roost, de Jacob Riis e instantáneas de Walker Evans, Robert Adams, Berenice Abbott y Manuel Álvarez Bravo. Es decir: con un resumen de la historia de la fotografía a través de las personas que la consagraron como arte y como práctica documental.
Pero si al hecho de poseer una iconografía de valor incalculable se une un afán –digno de un entomólogo– por atesorar especímenes fotográficos de autores valiosos menos conocidos (Roy DeCarava, Peter Sekaer, Léon Levinstein, Consuelo Kanaga, Raymond Jacobs, Louis Faurer, Marion Post-Walcott), entonces nos encontramos ante un coleccionista de excepción. Este es el caso de Howard Greenberg, responsable de la afamada galería homónima en Nueva York, y a cuya colección privada de fotografía le dedica la parisiense Fundación Henri Cartier-Bresson una exposición recién inaugurada en su sede de Montparnasse.
"No soy de esos que solo van a la caza de trofeos", asegura el marchante
La muestra ha sido comisariada por Sam Stourdzé en colaboración con la directora de la fundación, Agnès Sire, y el propio coleccionista, y es una adaptación de una exposición anterior producida por el Museo del Elíseo de Lausana. En el catálogo editado por Steidl, Stourdzé dialoga con Greenberg a propósito de su pasión, desconocida por el público hasta su presentación en Suiza.
Al ser entrevistado, Greenberg acredita no ser un mero marchante de arte o cazador de obras y exhibe unos conocimientos poco frecuentes del medio, avivados por una genuina pasión (y décadas de experiencia vital). "No puedes ser un buen coleccionista sin tener la pasión por conocer lo que estás adquiriendo. No es como muchos coleccionistas de arte contemporáneo que van a la caza de trofeos".
Walker Evans, 'Negro Church, South Carolina', 1936.
Grenberg se remite a sus inicios como fotógrafo, tras un accidente de tráfico y antes de convertirse en galerista. "Mi trayectoria está enraizada en mi curiosidad sobre la fotografía y mi interés, casi obsesivo, por aprender cosas que desconocía, por ver cosas que no había visto antes", afirma. "Si puedo señalar una contribución que creo haber hecho a la fotografía, tiene que ver con el descubrimiento y el redescubrimiento de autores que se perdieron el tiempo.
Aparte de los autores antes mencionados, el recorrido de la colección invita a apreciar las fotos de Harry Calahan (que fue objeto de su propia retrospectiva en la fundación), Ralph Eugene Meatyard, Garry Winogrand, W. Eugene Smith, Dan Weiner, Lee Friedlander y Robert Frank, entre otros. De Frank (Zurich, 1924), una de las leyendas vivas de la fotografía, se expone una maqueta de 'El libro de Mary' (1949), dedicado a su primera esposa.
Preguntado sobre qué imágenes de fotógrafos jóvenes o en el ecuador de su carrera estaría dispuesto a adquirir, Greenberg ofrece una mueca de escepticismo y responde: "Bueno, puedo decir que, probablemente, ninguna". Para razonar su postura señala su admiración por los grandes maestros del medio, así como por las técnicas de revelado e impresión de antaño, aprendidas en su época de fotógrafo. A ellas atribuye un carácter casi sacro.
"Mi contribución es el redescubrimiento de autores perdidos en el tiempo"
"Hacer una copia bella no es tarea fácil: requiere mucho tiempo, paciencia y experimentación. Un gran parte de mi colección está ligada a ese tipo de copias que tienen una especie de cualidad mágica. Eso no tiene nada que ver con la fotografía contemporánea o con la fotografía digital".
Greenberg, que ha utilizado un instrumento jurídico peculiar para hacer copropietarios de la colección a los empleados de su galería, es consciente de que el futuro del fondo pasa por su venta a una institución especializada. Y matiza que su ideal es "que no sea dividida, porque después de tantos años creando una entidad, aunque sea fluida, se genera una identificación muy intensa con la colección".
El director de la galería recuerda, a propósito de un pase privado que hizo el pasado lunes en la fundación, una anécdota del fotógrafo William Klein (Nueva York, 1928) —amigo personal y cliente desde hace 20 años de Greenberg—, que acudió tarde al pase porque se había dormido.
Aparte de señalar como su favorita la fotografía de Louis Faurer Manos freudianas entrelazadas, Klein dijo que le había fascinado la muestra, "y Bill no es alguien que haga elogios a la ligera", según Greenberg. Antes de finalizar su visita, Klein hizo el siguiente comentario a Agnès Sire: "Hmmm, viendo esta exposición me dan ganas de volver a fotografiar"