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martes, 2 de julio de 2013

Arlés, maestros en blanco y negro


Arlés, maestros en blanco y negro

La mayor retrospectiva de Sergio Larrain, tras su muerte, abre los Encuentros Internacionales

La localidad francesa rinde homenaje a la esencia de la fotografía

Calle principal de Corleone, en Sicilia. Fotografía tomada en 1959 por el chileno Sergio Larrain. /SERGIO LARRAIN (MAGNUM)
Gregoria Larrain habla con la misma dulzura, ausencia de ego y generosidad que caracterizó a su padre, el fotógrafo y pintor Sergio Larrain. Si su bisabuelo paterno descubrió en Francia a las grandes figuras del arte contemporáneo (Giacometti, Picasso...), ahora le toca a Francia descubrir el genio, la sensibilidad poética y la maestría en la composición de su padre, fallecido en 2012.
“He reencontrado la belleza del blanco y negro en las fotos de mi padre: su perfección creativa, su generosidad, el oficio que aplicaba desde la captura hasta el revelado”, explica Gregoria Larrain. “Sus fotos son, como él decía, unos milagros que supo descubrir porque tenía la disposición adecuada”.
El entorno que propicia ese gozoso redescubrimiento, compartido con el resto del mundo, son los Encuentros de Arlés, el festival de fotografía de referencia del calendario artístico que se desarrolla en esta localidad del sur de Francia durante el mes de julio, y que en esta edición exhibe la obra de Larrain en la iglesia de Santa Ana. Este año se rinde homenaje en Arlés a la fotografía en blanco y negro, y el cisne que preside la identidad gráfica de los encuentros bien puede simbolizar la fábula del patito feo en un mundo dominado por el color.
La de Larrain es la primera gran retrospectiva que se hace en el mundo tras la muerte del autor. No se ha visto una exposición de este calibre desde la gran exposición que le dedicó el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) en 1999, y eso es así porque, en su últimos años de vida, Larrain rehuyó el contacto con el mundo. “Se despojó de todo para entregarse a la fotografía y, finalmente, a la mística. Si hubiera estado acá, habría dicho: ‘Lo que hay que salvar es el planeta, al ser humano”, asegura su hija.
La principal responsable de este gran homenaje junto al director del festival, François Hebel, es la comisaria Agnès Sire, ahora directora de la Fundación Henri Cartier-Bresson de París tras haber seguido al fotógrafo durante años desde que fuera directora artística de la agencia Magnum (propietaria de su archivo). Su labor comisarial y editorial ha quedado reflejada en el libro-catálogo que acompaña o, más bien, preside la muestra, publicado por Éditions Xavier Barral. Sire afirma que el libro, que recorre, entre otros, sus trabajos en Chile, Inglaterra, Italia, Francia y Perú, está basado en la selección de fotos hecha por el propio Larrain en vida a través de sus marcas y anotaciones sobre hojas de contacto. La comisaria, que agradece la coproducción del Consejo de la Cultura y las Artes de Chile, ha incluido en el catálogo la correspondencia de Larrain con Cartier-Bresson (al que le unen muchos puntos en común) y con la propia agencia Magnum. También la carta a su sobrino Sebastián Donoso, en la que el fotógrafo chileno enseña apescar las fotos, a pensarlas y a editarlas con humildad.
De especial valor es su respuesta a una carta de Sire en la que esta le había pedido que razonara su oficio. “Larrain”, explica la comisaria, “habla de la fotografía como un estado de gracia, libre de toda convención; de cómo hay que estar abierto a las musas. Él piensa que las imágenes pueblan el universo, pero que hay que ser un buen médium para que salgan a la luz”. Larrain hizo, recuerda, reportajes de encargo durante apenas tres años, y luego decidió parar y cambiar de rumbo, porque no le interesaba la urgencia del reporterismo: “apenas dedicó tres años a hacer reportaje”.
El libro, con un texto de Gonzalo Leyva Quijada y una introducción de Sire, aporta, en suma, la mayor fuente visual y documental de conocimiento sobre el fotógrafo realizada hasta la fecha.
¿Cuál es el lugar de Larrain en la historia de la fotografía? ¿Se debe establecer una asociación con Cartier-Bresson, Bill Brandt, Robert Frank, Brassaï u otros maestros documentalistas? “Para mí, Larrain es Larrain, un hombre que pone su Leica al servicio de la poesía”, dice Sire. “No se le puede comparar. Él tenía su propia mirada, veía cosas que otros no veían”. Su gran obra es, afirma, el reportaje sobre Valparaíso, “donde podemos encontrar la calle, el suelo, la piedra, los interiores de los bares, los retratos, el ambiente nocturno… un poco de todo su universo”.
La autora pone el acento en la manera de fotografiar la infancia de Larrain y en las múltiples referencias artísticas, como el neorrealismo italiano, que se pueden delimitar a la hora de abordar su legado. Destaca, asimismo, el hecho de que, siguiendo el criterio de Larrain, los fotorreportajes están recluidos en las vitrinas centrales de la exposición.
La muestra viajará en marzo del año próximo a Chile en su formato actual. Pero antes, la Fundación Cartier-Bresson acogerá una versión diferente, con copias de época, antes de comenzar su itinerancia mundial. “Sería maravilloso que fuera también a España”, concluye la comisaria.

Añada de e

sábado, 19 de enero de 2013

Foto Henri Cartier Bresson, España años treinta.


Un siglo de fotografía en sus manos

Una exposición en París abre las puertas al tesoro del galerista neoyorquino Howard Greenberg

Una de las míticas fotografías que Henri Cartier-Bresson tomó en España en los años treinta. /HENRI CARTIER-BRESSON / MAGNUM
Existen pocos ciudadanos en el mundo que puedan disfrutar en privado de algunas de las más representativas fotografías del siglo XX, ya sea la España de los años treinta retratada por Henri Cartier-Bresson, el desembarco aliado en Normandía inmortalizado por Robert Capa o la mujer desplazada por la pobreza documentada por Dorothea Lange en el EE UU de la gran recesión.
Igual de raro es contar en el patrimonio personal con un retrato de Gloria Swanson, de Edward Steichen, una copia de Bandit's Roost, de Jacob Riis e instantáneas de Walker Evans, Robert Adams, Berenice Abbott y Manuel Álvarez Bravo. Es decir: con un resumen de la historia de la fotografía a través de las personas que la consagraron como arte y como práctica documental.
Pero si al hecho de poseer una iconografía de valor incalculable se une un afán –digno de un entomólogo– por atesorar especímenes fotográficos de autores valiosos menos conocidos (Roy DeCarava, Peter Sekaer, Léon Levinstein, Consuelo Kanaga, Raymond Jacobs, Louis Faurer, Marion Post-Walcott), entonces nos encontramos ante un coleccionista de excepción. Este es el caso de Howard Greenberg, responsable de la afamada galería homónima en Nueva York, y a cuya colección privada de fotografía le dedica la parisiense Fundación Henri Cartier-Bresson una exposición recién inaugurada en su sede de Montparnasse.
"No soy de esos que solo van a la caza de trofeos", asegura el marchante
La muestra ha sido comisariada por Sam Stourdzé en colaboración con la directora de la fundación, Agnès Sire, y el propio coleccionista, y es una adaptación de una exposición anterior producida por el Museo del Elíseo de Lausana. En el catálogo editado por Steidl, Stourdzé dialoga con Greenberg a propósito de su pasión, desconocida por el público hasta su presentación en Suiza.
Al ser entrevistado, Greenberg acredita no ser un mero marchante de arte o cazador de obras y exhibe unos conocimientos poco frecuentes del medio, avivados por una genuina pasión (y décadas de experiencia vital). "No puedes ser un buen coleccionista sin tener la pasión por conocer lo que estás adquiriendo. No es como muchos coleccionistas de arte contemporáneo que van a la caza de trofeos".
Walker Evans, 'Negro Church, South Carolina', 1936.
Grenberg se remite a sus inicios como fotógrafo, tras un accidente de tráfico y antes de convertirse en galerista. "Mi trayectoria está enraizada en mi curiosidad sobre la fotografía y mi interés, casi obsesivo, por aprender cosas que desconocía, por ver cosas que no había visto antes", afirma. "Si puedo señalar una contribución que creo haber hecho a la fotografía, tiene que ver con el descubrimiento y el redescubrimiento de autores que se perdieron el tiempo.
Aparte de los autores antes mencionados, el recorrido de la colección invita a apreciar las fotos de Harry Calahan (que fue objeto de su propia retrospectiva en la fundación), Ralph Eugene Meatyard, Garry Winogrand, W. Eugene Smith, Dan Weiner, Lee Friedlander y Robert Frank, entre otros. De Frank (Zurich, 1924), una de las leyendas vivas de la fotografía, se expone una maqueta de 'El libro de Mary' (1949), dedicado a su primera esposa.
Preguntado sobre qué imágenes de fotógrafos jóvenes o en el ecuador de su carrera estaría dispuesto a adquirir, Greenberg ofrece una mueca de escepticismo y responde: "Bueno, puedo decir que, probablemente, ninguna". Para razonar su postura señala su admiración por los grandes maestros del medio, así como por las técnicas de revelado e impresión de antaño, aprendidas en su época de fotógrafo. A ellas atribuye un carácter casi sacro.
"Mi contribución es el redescubrimiento de autores perdidos en el tiempo"
"Hacer una copia bella no es tarea fácil: requiere mucho tiempo, paciencia y experimentación. Un gran parte de mi colección está ligada a ese tipo de copias que tienen una especie de cualidad mágica. Eso no tiene nada que ver con la fotografía contemporánea o con la fotografía digital".
Greenberg, que ha utilizado un instrumento jurídico peculiar para hacer copropietarios de la colección a los empleados de su galería, es consciente de que el futuro del fondo pasa por su venta a una institución especializada. Y matiza que su ideal es "que no sea dividida, porque después de tantos años creando una entidad, aunque sea fluida, se genera una identificación muy intensa con la colección".
El director de la galería recuerda, a propósito de un pase privado que hizo el pasado lunes en la fundación, una anécdota del fotógrafo William Klein (Nueva York, 1928) —amigo personal y cliente desde hace 20 años de Greenberg—, que acudió tarde al pase porque se había dormido.
Aparte de señalar como su favorita la fotografía de Louis Faurer Manos freudianas entrelazadas, Klein dijo que le había fascinado la muestra, "y Bill no es alguien que haga elogios a la ligera", según Greenberg. Antes de finalizar su visita, Klein hizo el siguiente comentario a Agnès Sire: "Hmmm, viendo esta exposición me dan ganas de volver a fotografiar"