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jueves, 23 de mayo de 2013

Annie Leibovitz, Príncipe de Asturias de Comunicación


Fotografía de John Lennon (c) Annie Leibovitz,
portada en la revista Roling Stone

La fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz, Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades

La artista competía con la agencia Magnum y la periodista inglesa Christiane Amanpour

Considerada la retratista de las estrellas, consiguió desnudar a John Lennon horas antes de morir e inmortalizar a la reina Isabel II

La fotógrafa Annie Leibovitz, en la presentación de la exposición 'Annie Leibovitz: vida de una fotógrafa. 1990- 2005', en Madrid (2009). / BERNARDO PÉREZ
La fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz (Connecticut, 1949), quien consiguió que John Lennon apareciera desnudo, en posición fetal junto a Yoko Ono, horas antes de ser asesinado, ha ganado hoy el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Considerada como la fotógrafa viva más importante del momento y la mejor pagada, a lo largo de su carrera ha retratado a mitos como Mick Jagger, Michael Jackson, Bob Dylan o Bruce Springsteen, para los que realizó algunas de sus portadas más emblemáticas.
La tercera hija del matrimonio judío compuesto por Samuel Leibovitz, un teniente coronel de las Fuerzas Armadas, y Marilyn Heit Leibovitz, una instructora de danza contemporánea fue la primera estadounidense que retrata a la reina Isabel II en 2007. Fotógrafa oficial de las revistas Vanity Fair, Rolling Stone y Vogue, su primer gran encargo llegó en 1975 cuando se le consignó documentar la gira musical Rolling Stones Tour of the Americas '75 que el grupo británico The Rolling Stones realizó en Estados Unidos y Canadá, para la revista de nombre homónimo.
También convenció a Demi Moore para que posara desnuda y embarazada de siete meses. Metió a Whoopi Goldberg en una bañera llena de leche, dejando ver sólo su rostro y sus extremidades. Al artista búlgaro Christo le envolvió en tela en un homenaje a sus grandilocuentes instalaciones artísticas. Captó al político ruso Mijaíl Gorbachov sentado dentro de un automóvil con los restos del Muro de Berlín. El cantante Sting se dejó cubrir de barro en el desierto, mimetizándose con el paisaje.
Además de su trabajo con personajes conocidos, Leibovitz ha practicado la fotografía documental y de paisajes, contratada por la editorial Condé Nast Publications desde 1993, como dan cuenta la serie que realizó en Sarajevo en 1990, la campaña para la elección como senadora de Hillary Clinton o cuando inmortalizó el gabinete de George W. Bush, poco después del 11-S.
Madre de tres tres hijas, la primera fue fruto de un donante de esperma, y las gemelas, concebidas por una madre de alquiler, Leibovitz mantuvo una relación romántica durante más de una década con la prestigiosa escritora y ensayista Susan Sontag, a quien conoció en 1988. La fotógrafa acompañó a la intelectual hasta los últimos momentos de su vida y atestiguó la grave enfermedad que le acusó la muerte en diciembre de 2004. El posterior fallecimiento de su padre ejerció de acicate para que Leibovitz rebuscara en viejas cajas su colección privada que mostraría después en la exposición que recorrió el mundo,Vida de una fotógrafa: 1990-2005.
En 2009, tras un año de lucha, Annie Leibovitz llegó a un acuerdo con la empresa Arts Capital Group (ACG) con la que tenía una deuda de 16,76 millones de euros, mediante el cual recuperó el control de su obra. La fotógrafa pidió esta cantidad a la entidad financiera para cubrir otras deudas usando como aval sus dos casas y los derechos de autor de su extensa y célebre obra fotográfica. ACG retiró las acciones legales que había emprendido para recuperar el dinero.

Los otros candidatos

Annie Leibovitz competía en esta ocasión con la agencia de fotografía Magnum y la periodista inglesa Christiane Amanpour. Magnum es una cooperativa fotográfica fundada en 1947 por Robert Capa que ha contado entre sus filas con muchos de los mejores fotógrafos de la historia y que ya ha sido finalista de este premio Príncipe en numerosas ediciones, entre ellas, las tres últimas.
Chistiane Amanpour (Londres, 1958) es una periodista de padre iraní y madre inglesa que ha desarrollado su carrera como presentadora y reportera en el ámbito de la televisión, especialmente para la CNN y ABC News.
Los 13 miembros del jurado, presidido por el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, seleccionaron a estos tres finalistas entre los 18 candidatos que optaban al Premio de Comunicación y Humanidades. Este galardón es el tercero de los ocho premios que convoca anualmente la Fundación Príncipe de Asturias en fallarse, tras los galardones de las Artes y de las Ciencias Sociales concedidos al cineasta austríaco Michael Haneke y a la socióloga holandesa Saskia Sassen.
Los premios Príncipe de Asturias, que este año llegan a su trigésimo tercera edición, están dotados, cada uno de ellos, con una escultura de Joan Miró -símbolo representativo del galardón-, 50.000 euros, un diploma y una insignia.

viernes, 11 de mayo de 2012

¿Annie Liebovitz vs. Jordi Cotrina?


Rindo honores a Annie Leibovitz, pero me quedo con Jordi Cotrina

Jueves, 10 de mayo del 2012 - 18:00h.ImprimirEnviar esta noticiaAumentar/ Reducir texto
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EMILIO PÉREZ DE ROZAS
Rindo honores a Annie Leibovitz. Rindo honores a sus portadas en Rolling Stone, en Vogue y enVanity Fair. Rindo honores a que alguien que empezó con una Leica M3, forzando la película Tri-x de Kodak para no utilizar el flash, haya acabado convirtiendo una imagen en casi video. Rindo honores a quien ha convertido la fotografía en algo más que una imagen y, por supuesto, en mucho más que mil palabras. Rindo honores a quien ha sabido pelear, contra todo y contra todos, para proteger su vida personal y terminar siendo una de las reinas artísticas del pasado y nuevo siglo.
Rindo honores a Annie Leibovitz porque ha conseguido que aquellos que no aman la fotografia la miren como si mirasen un miquel barceló o el último gol de Leo Messi. Rindo honores a quien, a base de parar la imagen, ha conseguido que los más importantes, las más ilustres, los más poderosos, hagan cola en su estudio para someterse a una o diez de sus sesiones. Ella ha logrado, como consiguieron otros hombres, que su nombre y apellido vaya asociado a tal explosión de arte, luz y color que necesites de gafas de sol y visera para no deslumbrarte ante semejante obra.
Rindo honores a Annie Leibovitz, pero me quedo con Jordi Cotrina. Me quedo con el fotoperiodismo. Me quedó con la inmediatez, disculpen. Me quedo con la velocidad de la luz, con esa yema del dedo índice de la mano derecha de Cotrina, que aprieta su Nikon justo en el instante, en la milésima de segundo, en esa fracción mágica, que convierte el vuelo de Pep Guardiola en la foto del año, del héroe volador.
Rindo honores a Annie Leibovitz pero prefiero el ojo fugaz, veloz, de rayo, de relámpago deCotrina. Leibovitz se pasa días, semanas, meses preparando su fotografía. Cotrina la caza al vuelo. Y, si se le escapa, busca otra. Cotrina no tiene ayudantes. Cotrina la captura al aire, se va a un rincón del césped, enciende su ordenador, conecta su móvil y nos pasa la foto del año, del siglo, del Centenario del Barça como el que pasa la foto de su perra. Sin darle importancia. Es más, creyendo que es una mierda. Ese jurado que acaba de otorgarle tan merecidamente este premio no sabe, ignora, desconoce u olvida que a Cotrina no le gusta ni una sola de sus fotografías. Ni siquiera las que le han premiado.
Insisto, lo siento, rindo honores a Annie Leibovitz pero prefiero el carrito de aluminio que Cotrina arrastra por los aeropuertos, por los aviones, por los pasillos de los hoteles, de las fondas, por los vomitorios de los estadios, por el césped, con su pesado 400 mm, con su ordenador personal, con su sumicrom, con su zoom 50-200, con su dos cajas, con las baterias, con su móvil, que todos esos ayudantes (dicen que hasta 20), la troupe que arrastra consigo la norteamericana: peluqueros, maquilladores, estilistas, iluminadores, carpinteros, pintores, etc, etc.
Cotrina no puede ni pedir permiso para hacer su foto, imposible sugerir a los futbolistas que manteen a Guardiola ante su objetivo y que lo manteen hasta que a él le guste su vuelo, su sonrisa, su carita de tricampeón, su imagen. Admiro a Leibovitz, venero a Cotrina.
Rindo honores a Leibovitz porque conserva su Leica, porque aún no se han amarilleado sus fotos en blanco y negro, las que más me gustan, aquellas que empezó a hacer cuando, en aquel cuarto oscuro de la base aérea de Filipinas donde su padre fue asignado durante la guerra del Vietnam, descubrió su amor por la fotografía. Es esa Leibovitz la que me tiene robado el corazón. Como me lo tieneCotrina, el tipo que debería de conocer Leibovitz en su próxima visita a España.