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domingo, 5 de enero de 2014

Robert Capa,reportero de guerra







 Robert Capa,reportero de guerra


Manuel García


El trabajo de Robert Capa, según su biógrafo Richard Whelan, se inscribe en la historia de la prensa gráfica del siglo XX, una historia vinculada a la revolución industrial, la evolución de las cámaras fotográficas y el concepto de la fotografía.

Por su formación en Budapest (1913-31), su iniciación en la fotografía en Berlín (1931-33) y etapa profesional en París (1933-1936), el discurso visual de Robert Capa se nutre de la escuela fotográfica húngara de Jozsef Pécsi; Lajos Kassák y Gyorgy Kepes; del reporterismo berlinés de Harald Lechenperg, Félix H, Man y Otto Umbehr (Umbo) y de la fotografía que hacían en París fotógrafos como Henri Cartier-Bresson, Giselle Freund, André Kertesz, Hans Namuth, David Seymour y muchos más.

El de Capa es un trabajo que, al cabo de los años, tuvo un amplio reconocimiento internacional, gracias a la gestión del International Center of Photography de Nueva York.


Budapest, 1913-31


Interior de La maleta mexicana con miles de negativos tomados por Robert Capa, durante la Guerra civil española



Robert Capa, cuyo nombre de pila era André Friedmann, nació el 22 de octubre de 1913, en la ciudad húngara de Pest. Por entonces Budapest estaba todavía dividida por el Rio Danubio en dos barrios distintos: Buda y Pest. Inscrito en el Imre Madách Gymnasium de Barcsay Utca, allí haría sus estudios secundarios, formándose en la lengua hebrea y la cultura judía.


Su primer contacto con la fotografía lo haría a través de Eva Besnyö, amiga y fotógrafa. Su primer encuentro con la cultura lo hizo a través de Lajos Kassák, fotógrafo y fundador del periódicoMunka. Interesado por la literatura y la política decidió, desde muy joven, dedicarse al periodismo. Tras los diversos avatares de Hungría en la primera guerra mundial, la llegada al poder de Béla Kun (1918) y el golpe de Estado posterior del almirante Horthy (1919) y la persecución de la izquierda (1931), decide abandonar Budapest e irse a Berlín.


Berlín, 1931-33


Instalado en Berlín, Capa se inscribe en la Deutsche Hochschule für Politik con el ánimo de ampliar su formación política. Gracias a Eva Besnyö contacta con Simon Guttmann, director de la agencia Dephot (Deutscher Photodienst), donde se inicia como ayudante de laboratorio, hasta que en 1932 lo envían a Suecia para cubrir un mitin de León Trotsky, que publicaría en la revista Der Weltspiegel, siendo el primer reportaje de su carrera profesional. Al ser nombrado Adolf Hitler como canciller de Alemania (30/I/1933) y ante el ascenso de los nazis y persecución de la gente de izquierdas decide, con el apoyo de una organización judía, marcharse de Berlín y regresar a Hungría.


París, 1933-36


En el otoño de 1933, Csiki Weisz y André Friedmann llegan en tren por la Gare de l’Est a París. Allí contactan con la Schutzverband Deutscher Schriftsteller, que se reunía en el Café Mefisto, a donde acudían emigrados como los escritores Arthur Koestler, Egon Erwin Kisch, Gustav Regler, Paul Westein y otros. A lo largo de su estancia en la capital francesa conoce, entre otros, a los fotógrafos Cartier-Bresson, Giselle Freund, André Kertesz, Hans Namuth y David Seymour. Los años parisinos son duros y llenos de incertidumbres laborales, hasta que la Agence Centrale, creada por los hermanos Kart y Hans Steinitz, le encargan algunos reportajes e incluso le facilitan una cámara Plaubel Makine para que realice su trabajo; oportunidad que amplía con los encargos que, desde Zurich, le hace de vez en cuando para empresas suizas Simon Guttmann. Así sobrevive, hasta que conoce a Gerta Pohorylles (1910-37), con quien compartiría, desde entonces amistad, trabajo y pasión personal.






Primera cámara Leica de Robert Capa en 1932 usada para fotografiar a Trosky en Dinamarca


En la capital francesa, Gerta Pohorylles se convierte en la fotógrafa Gerda Taro y André Fiedmann en Robert Capa, iniciando sus colaboraciones con la Agencia Anglo Continental (1934), creada por Fritz Goro y Marie Eisner. De esta manera, Capa hace su primer viaje a España, donde realiza un par de reportajes sobre el boxeador Paulino Uzcudun en San Sebastián y el aviador Emilio Herrera en Madrid, que publicaría en las revistas Vu (París) y Berliner Illustrierte (Berlín). La creación, por Marie Eisner, de la agencia Alliance Photo (1934), que distribuye los reportajes para las agencias ABC de Ámsterdam y Black Star de Nueva York, amplía sus perspectivas profesionales.


En los albores de 1936 cambia por completo la situación política tanto en España como en Francia, al ganar el Frente Popular las elecciones en ambos países, con la diferencia de que Francia se enfrenta a importantes protestas de la clase trabajadora y España a una rebelión militar.


De los Cuadernos de guerra de España a La maleta mexicana





Niña en el Centro de Refugiados en Tránsito, Barcelona, 1939


Primero fue el hallazgo de las fotografías de losCuadernos de guerra de Robert Capa, conservados en los Archives Nacionales de France en París, exhibidas por vez primera en el Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas (Valencia, 1987).


Quizá lo más asombroso del hallazgo no fue recuperar los negativos de sus reportajes, remitidos a las agencias de prensa de la época –Anglo Continental Press-Photo, Alliance Photo, Back Star, etcétera– y a las revistas ilustradas del período –Vu, Regards,Life, etcétera–, sino los álbumes de sus fotos, testimonio excepcional del meticuloso trabajo del reportero de prensa.


Luego fue el hallazgo de la llamada La maleta mexicana, que apareció en Ciudad de México en 2007 y contenía –según reporteó en su momento Merry MacMasters en La Jornada (México, 13/IX/2013–, unos 4 mil 500 negativos de la Guerra civil española atribuidos a los fotógrafos Robert Capa, DavidChim Seymour y Gerda Taro.


Robert Capa, fotógrafo de guerra, 1936-39


Así, el 5 de septiembre de 1936, llega Robert Capa a Barcelona y da comienzo el primer trabajo como reportero de guerra, una labor que entre 1936 y 1937 comparte con Gerda Taro, cuya autoría, en algunas secuencias, todavía plantea dudas entre los expertos. La cobertura de la Guerra civil española pasa por diversas etapas. La primera es el trabajo conjunto de Capa y Taro por Barcelona, el Alto Aragón, Madrid, la provincia de Córdoba y el Congreso de Intelectuales Antifascistas en Defensa de la Cultura, hasta la muerte trágica de Gerda Taro (1937). La última es el retorno, ya en solitario, de Robert Capa a Madrid, Teruel, el frente del Segre, los reportajes sobre los refugiados de Tarragona a Barcelona, la despedida de las Brigadas Internacionales y los campos de concentración franceses (1938-1939). En medio está el periplo de Capa como reportero y ayudante de cámara de Joris Ivens –autor del documental Spanish earth (1937, en el conflicto chino-japonés (1938).






Fotos tomada del libro: Robert Capa, cuadernos de guerra en España (1936-1939), editado por la Diputación Provincial de Valencia



Como quedó evidenciado en las exposiciones Fotografía e informazione di guerra(Venecia, 1976) y La guerre civile espagnole (Barcelona, 2003), la imagen de la guerra es la suma de las imágenes foráneas y las imágenes lugareñas. Al trabajo realizado por reporteros gráficos extranjeros como Robert Capa, Hans Namuth o David Seymour, hay que añadir el de reporteros gráficos españoles como Agustí Centelles, Foto Mayo o Finezas, por poner sólo unos ejemplos. Estamos hablando de fotografías que publicaba tanto la prensa ilustrada extranjera –Vu, Life, Picture Post, entre otros medios– como la prensa ilustrada española: ABC, Ahora, Crónica, Mundo Gráfico, La Vanguardia, etcétera.


Una de las virtudes de la exposición La maleta mexicana, exhibida en México, con hojas de contactos, setenta fotos, sesenta revistas y un par de filmes, de imágenes realizadas por Capa, Seymour y Taro, es que desglosa la obra a través de los reportajes de las revistas; los álbumes del autor y las fotografías de mayor impacto del período. Todo esto permite ahora valorar mejor el trabajo nómada de este autor y sus amigos, que van recorriendo de norte a sur la geografía española para testimoniar el conflicto bélico en la prensa extranjera.


Una guerra, unas imágenes







Retirada de las Brigadas Internacionales, Madrid, 1938


La ciudad de Barcelona, en el verano de 1936, aparece a través de varias secuencias: una pareja de milicianos sonrientes, disfrutando del sol en una plaza pública, con la peculiaridad de que el hombre lleva corbata, moño azul y un fusil en la mano (1936); el retrato del niño vestido de miliciano con una gorra de la Unión de Hermanos Proletarios; una cartuchera y correaje de cuero y un fusil de juguete de madera al hombro; una sonriente estampa del tren, lleno de milicianos que desde la Estación de Francia, seguramente, parte en pleno estío hacia el frente bajo la consigna: “Jurad sobre estas letras, hermanos: antes morir que consentir tiranos.” Con ese bagaje urbano, Robert Capa va al frente del Alto Aragón, donde aparecen los fusiles, las trincheras y los milicianos anarquistas que, por esas fechas, combatían en el frente y luego captarían tanto la fotógrafa húngara Kati Horna como el fotógrafo español Agustí Centelles. El periplo español pasa por Madrid camino de Toledo y la provincia de Córdoba, en cuyo Cerro de Muriano captaría la muerte de un miliciano, que sería una de las imágenes emblemáticas de la Guerra civil española, reproducida en las revistas Vu(París, 23/IX/36); Regards (París, 1937) y Life (Nueva York, 12/VII/1937).


Como se mencionó, en 1936 y 1937 todavía trabajan juntos Robert Capa y Gerda Taro para cubrir reportajes en Madrid, Teruel y Valencia, hasta la muerte accidental de la fotógrafa en Brunete. Los reportajes evocan retratos en primer plano de milicianos, destacando la diversidad de los uniformes y las expresiones todavía sonrientes de muchos de ellos y detalles de los republicanos luchando desde las trincheras.


El final de la Guerra civil española, 1938-39







El retorno de Robert Capa a España coincidió con la despedida de las Brigadas Internacionales. Aún le dio tiempo a estar en Les Masies y en Barcelona, para fotografiar los rostros de los voluntarios llegados de todas partes del mundo para defender los valores de la España republicana.


En Barcelona, en el Hotel Majestic, vuelve a encontrarse con buenos amigos: el periodista Herbert Matthews; el escritor Ernest Hemingway y el fotógrafo David Seymour. Al grupo se unen la periodista inglesa Diana Forbes-Robertson y la periodista estadunidense Martha Gellhorn. En apenas unos meses y en la transición del otoño de 1938 a los primeros días de 1939, Robert Capa cubre periodísticamente el frente del río Segre, que consigue publicar en portada y páginas centrales en las revistas Regards (24/XI/1938), Picture Post (3/XII/1938) y Match ( 22/XII/1938).






Robert Capa antes del desembarco en Normandía, 1944



Bombardeos, trincheras, heridos. De nuevo la guerra. Sin olvidar el factor humano. La evacuación a hombros de un herido, el cigarrillo en el frente de un miliciano, el rostro de un periodista leyendo entre la maleza el periódico del día. El siguiente reportaje tiene que ver con el avance de los militares franquistas que han llegado a Vinaroz y fuerzan la huida hacia el norte de miles de refugiados, como lo evidencia la portada de Regards (París, 16/I/1939). Los horrores de la guerra no impiden que en esos reportajes vuelva a mostrar su sensibilidad al evocar los perfiles humanos de la población civil.


A Francia se dirigen, en febrero de 1939, miles de republicanos, hasta llegar a la zona de desarme y control de los refugiados, poco antes de entrar en territorio francés y ser internados en improvisados campos de concentración a orillas del mar. El automóvil de Jimmy Sheean sirve para trasladar a Francia a Matthews, Forrest, Gallager y Capa. Este último aún tuvo energías para regresar a los campos de concentración de Argelès-sur-Mer y Le Barcarés, y dar testimonio de las escenas de los refugiados hacinados en barracones improvisados a orillas del mar Mediterráneo. Esta fue una labor que hizo hasta poco antes de que el general Lázaro Cárdenas, presidente de México entre 1934 y 1940, decidiera dar asilo a miles de españoles que llegarían al puerto de Veracruz en los barcos Sinaia, Mexique y Flandre, bajo la gestión solidaria desde Marsella de la duquesa de Atthol, el cónsul Gilberto Bosques y el museógrafo Fernando Gamboa.


Ese año comenzaría la historia de los refugiados españoles en tierra mexicana, cuyas últimas instantáneas fotográficas, en los campos de concentración franceses, captarían Robert Capa, Agustí Centelles y David Seymour, entre otros, como testimonios de esa historia que, en breve, cumplirá ya setenta y cinco años.

martes, 31 de diciembre de 2013

Teruel, finales de diciembre de 1937



Teruel, finales de diciembre de 1937, cerca de la carretera de Teruel a Sagunto, dos grandes fotoperiodistas del siglo XX frente a frente: Robert Capa y Agustí Centelles.

Página de la revista Life de 24 de enero de 1938, en la fotografía original inferior, Capa fotografió a Centelles, meses más tarde sería al revés, Agustí Centelles fotografiaría a Robert Capa en la despedida de las Brigadas Internacionales en Barcelona, el 28 de octubre de 1938

La Batalla de Teruel,
ver en el catálogo Centelles in edit oh!, el magnifico artículo del historiador e investigador Jesús Núñez Calvo, páginas 87 a 100..

El catálogo [todo] Centelles, cuidadosa investigación de Joaquín D. Gasca y Antón Gasca documenta los diferentes encuentros entre Agustí Centelles, Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour.

@OctaviCentelles, pongo a cero mi agenda y repaso el listado de eventos y proyectos expositivos: Más Agustí Centelles i Ossó. 


Ver: Cataluña en la Guerra Civil Española, La Vanguardia, 1986, VVAA, página 200 y 201

lunes, 21 de octubre de 2013

Agustí Centelles vs. Robert Capa y viceversa

Ayer me compré la biografía de Robert Capa que escribió Richard Whelan. Sigo repasando aspectos de la biografía de Agustí Centelles, mi padre, mi proyecto. Estoy cada vez más enojado de las frivoidades escritas por biograf@s expertas y similares, nunca pensé que pudieran escrbir tantas tonterias en tan poco espacio de papel y de tiempo. Vuelvo a mirar, que no leer la sección cronológica de Diario de un fotógrafo, omisiones, medias verdades, ucronías, fantasías, ¡lamentable! lleno de omisiones, leyendas urbanitas, sin rigor ni contenido.

¿Cómo se puede escribir que en 1927 Agustí Centelles ya trabajaba para Badosa cuando el año siguiente, en  octubre de 1928 es despedido de los talleres de La Noche?

Robert Capa y Agustí Centelles coincidieron reiteradas veces, como demuestra el magnífico proyecto expositivo [todo] Centelles, desde el pasado 3 de octubre en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. La doctoranda Rocío Alcalá del Olmo, nos comentó a mi estimado hermano y a mí, en junio del año 2009, mientras visitábamos la exposición en el Jeu de Paume, un gran descubrimiento, que había permanecido totalmente desconocido: Capa visitó el campo de Bram, donde estaba ingresado mi padre y tomó algunas fotografías de su cementerio, soy testigo que nadie conocía esta nueva coincidencia, posteriormente documentada con la revista Picture Post, de 15 de abril de 1939*

La fotografía, suministrada por el ICP corresponde a la fotografía que Robert Capa tomó a Agustí Centelles el 28 de octubre de 1938, en la despedida de las Brigadas Internacionales, otra gran investigación de nuestro asesor, ahora en clave muy lisboeta.

@OctaviCentelles, desde mi Ipad


Agustí Centelles no fue, no es, ni será el Capa catalán, es un adjetivo falso, mera excusa de la falta de reconocimiento. Añado, cada día compruebo personalmente la falta de rigor de los trabajitos que se han escrito sobre la obra de mi padre, como me dijo un experto: en clave local, falleros, de cartón piedra y pintura brillante, sin rigor ni documentación.


*la revista Picture Post fue localizada por Joaquín D. Gasca, comisario de la exposición Centelles in edit oh!  y de la nueva exposición [todo] Centelles. 

Robert Capa, colega de Agustí Centelles i Ossó.

Aniversario del nacimiento de Robert Capa.

domingo, 29 de septiembre de 2013

[todo] Centelles, la mirada transversal

Las relaciones desconocidas de Centelles con Capa y Taro en la Guerra Civil

Cartel de la exposición sobre Centelles, que se inaugurará en Zaragoza.
Cartel de la exposición sobre Centelles, que se inaugurará en Zaragoza.
Hasta ahora sólo se habían documentado tres encuentros entre Agustí Centelles y Robert Capa en la Guerra Civil española en 1936. Pero, a partir del próximo día 3 de octubre, una gran exposición sobre el fotoperiodista nacido en Valencia, aunque vivió en Barcelona hasta su muerte, descubrirá nuevos “cruces de disparos” de Centelles, Capa y otros más, como Gerda Taro y David Seymour, según señala a La Meseta Antón Gasca, uno de los dos comisarios de la exposición.
La muestra, que estará en las salas Goya y Saura del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, rescata 80 piezas, “78 copias de autor positivadas por Agustí Centelles después de recuperar su archivo y 2 copias”, según Gasca, que son propiedad del hijo menor, Octavi Centelles, y que la familia pudo conservar tras ser vendido el Archivo al Ministerio de Cultura para su depósito en el Centro Documental de la Memoria Histórica, en Salamanca.
Fotografía que Centelles publicó en 'Ultima Hora' sobre el frente de Tardienta (Huesca).
Fotografía que Centelles publicó en 'Ultima Hora' sobre el frente de Tardienta (Huesca).
La relación entre Centelles y Gerda Taro –que fue la pareja personal y profesional de Capa- se desvela en dos fotografías de ambos profesionales. El español realiza instantáneas en el frente de Tardienta (Huesca) y en la sierra de Alcubierre, en agosto del 36, el mismo lugar que utilizó Taro para mostrar la Guerra Civil española, según queda reflejado en el periódico de la época, Última Hora, y en una postal de la Generalitat de Cataluña.
Fotografía de Taro, en el frente de Tardienta.
Fotografía del Comisariado de Propaganda atribuido a Gerda Taro.
Antón Gasca reconoce que la exposición pretende mostrar “una visión completa de Centelles, desde sus propias copias de autor” y que, a pesar de que en su archivo hay fotografías anteriores a 1934, la muestra se centra “en su trabajo de fotorreportero independiente, entre 1934 y 1939”.
Además, será la primera vez que exponen las fotografías de Centelles en “estricto orden cronológico”, evitándose “la suposición”, ya que, según Gasca, hasta ahora los trabajos de otras exposiciones del fotoperiodista valenciano “adolecen de documentación, tienen epígrafes cortos y mal documentados”.
Entre otro de los aspectos sobre Centelles que el comisario Antón Gasca  puntualiza,  en relativo a la cámara Leica, al afirmar que “no fue el primer reportero que uso esa cámara en España, pero sí fue uno de los primeros o en darse cuenta de que las características de esta cámara eran las que el buscaba para aportar naturalidad, sencillez, luminosidad al reportaje gráfico de la época”.
También se ha descubierto que el Negus que Centelles fotografió en Tardienta se llamaba Hilario Salanova y no Juan Fernández.
Antón Gasca, comisario de 'todo Centelles' y autor de la investigación de los encuentros de Centelles con Gerda Taro.
Antón Gasca, comisario de 'todo Centelles' y autor de la investigación de los encuentros de Centelles con Gerda Taro.
El trabajo realizado por Antón Gasca, y su hermano Joaquín, para esta exposición les ha llevado a descubrir el trabajo real de Centelles y cómo “preparó algunas de sus imágenes de guerra”, como la de los “guardias de asalto disparando detrás de una barricada de caballos muertos” o los “guardias de asalto disparando desde el edificio de Telefónica”. Según Antón Gasca, Centelles “era un creador, aficionado al cine” y entendió que “debía crear imágenes con impacto”.
Esta exposición, con las fotografías propiedad del hijo menor de Agustí Centelles, es el paso previo a una gran exposición que se prepara en el Centro Documental de la Memoria Histórica, en Salamanca, con el archivo que vendió la familia al Ministerio de Cultura.
Según Octavi Centelles, ofrece “de manera totalmente desinteresada mis colecciones, para desde la iniciativa privada colaborar en la difusión de la obra de mi padre”.

domingo, 25 de agosto de 2013

Documental de Canal Sur sobre Capa.

sábado, 24 de agosto de 2013

martes, 30 de julio de 2013

Walter Reuter: el fotógrafo olvidado de la República


El fotógrafo olvidado de la República

15.02.2013 | 01:05
Reparto de cartas a los soldados republicanos en 1938 (fondo de la Biblioteca Nacional).
Reparto de cartas a los soldados republicanos en 1938 (fondo de la Biblioteca Nacional). 

Una investigadora valenciana rescata la figura de Walter Reuter, el alemán que retrató la retaguardia
 Era amigo de Robert Capa, en cuya habitación en París revelaba sus fotografías tras huir de España en 1939, pero nunca fue tan conocido como el húngaro. Una de las razones es que Walter Reuter fue un fotógrafo de retaguardia, no del frente, y sus instantáneas son más amables que no las bélicas que han pasado a la historia. Otra razón para el olvido es la distancia que, exiliado en México a partir de 1942, él mismo marcó con su etapa española, defraudado de la política y por la derrota de la guerra civil.
Su figura ha sido rescatada ahora por la investigadora Cristina Escrivà, que desde 2005 persigue el rastro de Reuter „pronúnciese en español, pues así lo asumió él tras hispanizarse en España y México„ por archivos históricos españoles. El resultado de la investigación, de la que se han ido viendo algunos resultados parciales en el pasado, como las fotografías de la colonias escolares o del instituto para obreros de Valencia, se plasma ahora en la publicación Los ojos de Walter Reuter, que presentó ayer en la Universitat de València.
Fue el proyecto de los institutos el que llevó a la escritora hasta Reuter. Los testimonios orales de aquella experiencia educativa decían que habían ido a fotografiarlos. Escrivà buscó el material en la Biblioteca Nacional y encontró que la mayoría de imágenes las firmaba un tal Walter Reuter, nombró desconocido para ella hasta el momento (otras eran del valenciano Luis Vidal Corella). A partir de entonces, cada visita a la Biblioteca Nacional era momento para buscar nuevas fotografías del alemán, hasta que al final, explica, surgió la oportunidad de investigar a fondo.
El libro incluye más de 130 fotografías, la mayoría inéditas, a través de las cuales Escrivà realiza un recorrido biográfico por la etapa española de Reuter, casi desconocida frente al periodo mexicano, bien estudiado y documentado por una de sus hijas. Las imágenes de la experiencia republicana están extraídas de la Biblioteca Nacional, el Archivo General de la Administración, el Archivo de Salamanca „diez instantáneas, pero importantes porque han llevado a otras de las mismas series conservadas sin sello„ y el de Historia Social de Amsterdam.
La investigadora pone a Reuter a la altura de los reconocidos Capa y el valenciano Agustí Centelles, solo que el alemán se centró en la retaguardia, siguió al Gobierno de la República „una especie de reportero institucional„ y fue el fotógrafo especialmente de sus proyectos culturales.


@equipoOctaviCentelles

sábado, 27 de julio de 2013

Gerda Taro, in memoriam

Gerda Taro (real name Gerta Pohorylle; 1 August 1910 - 26 July 1937) was a war photographer, and the companion and professional partner of photographer Robert Capa. Taro is regarded as the first female photojournalist to cover the front lines of a war and to die while 

miércoles, 24 de julio de 2013

Gerda Taro, haben wir nicht vergessen


En memoria de Gerda Taro, (Stuttgart, Alemania, 1 de agosto de 1910 – El Escorial, España, 26 de julio de 1937)

De Wikipedia:

En 1936 da comienzo la Guerra Civil Española, que marcaría decisivamente a ambos. Se trasladan a España para cubrir el conflicto. Fueron testigos de diferentes episodios de la guerra, y realizaban reportajes que luego eran publicados en revistas comoRegards o Vu.
Al principio la marca «Capa» era utilizada indistintamente por ambos. Luego se produjo cierto distanciamiento entre ellos y Andre Friedman se quedó con el nombre de «Robert Capa».
Del trabajo de Gerda en solitario su reportaje más importante fue el de la primera fase de la batalla de Brunete. Gerda fue testigo del triunfo republicano en esta primera fase de la batalla. Este reportaje fue publicado en Regards el 22 de julio de 1937 y dio a Gerda un gran prestigio.
Sin embargo poco después las tropas franquistas iniciarían un feroz contraataque, y Gerda decidió volver al frente de batalla en Brunete. Allí Gerda fue testigo de los salvajes bombardeos de la aviación del bando nacional, y realizó muchas fotografías, poniendo en riesgo su vida. En aquel infierno murieron miles de republicanos y finalizó en derrota.
Gerda Taro perdió la vida en un accidente durante el repliegue del ejército republicano. Gerda se subió al estribo del coche del General Walter (miembro de las Brigadas Internacionales). En un momento dado, unos aviones enemigos volando a baja altura hicieron que cundiera el pánico en el convoy y Gerda cayó al suelo, tras una pequeña elevación del terreno. En ese momento un tanque republicano entró marcha atrás al camino saltando la elevación tras la que se encontraba Taro y cayendo sobre ella.
La oruga del tanque la destripó, por lo que fue trasladada urgentemente al hospital inglés de El Goloso de El Escorial. Allí murió pocas horas después, en la madrugada del 26 de julio de 1937, seis días antes de cumplir 27 años. Su cuerpo fue trasladado a París, donde recibió todos los honores como una heroína republicana. Sus restos se encuentran enterrados en la división 97 del Cementerio del Père-Lachaise,1 en París.

domingo, 17 de febrero de 2013

Walter Reuter, el fotógrafo olvidado


El fotógrafo olvidado de la República

15.02.2013 | 01:05
Reparto de cartas a los soldados republicanos en 1938 (fondo de la Biblioteca Nacional).
Reparto de cartas a los soldados republicanos en 1938 (fondo de la Biblioteca Nacional). Walter Reuter
Una investigadora valenciana rescata la figura de Walter Reuter, el alemán que retrató la retaguardia
ALFONS GARCIA Era amigo de Robert Capa, en cuya habitación en París revelaba sus fotografías tras huir de España en 1939, pero nunca fue tan conocido como el húngaro. Una de las razones es que Walter Reuter fue un fotógrafo de retaguardia, no del frente, y sus instantáneas son más amables que no las bélicas que han pasado a la historia. Otra razón para el olvido es la distancia que, exiliado en México a partir de 1942, él mismo marcó con su etapa española, defraudado de la política y por la derrota de la guerra civil.
Pero de Walter Reuter (Berlín, 1906 - Cuernavaca, México, 2005) se puede decir que fue el fotógrafo extranjero de la República. Al menos, fue el que más tiempo la vivió de cerca, ya que llegó a España en 1933 huyendo de la Alemania nazi y, tras el alzamiento militar de 1936, siguió al Gobierno republicano por las capitales donde pasó „tuvo por tanto una estancia importante en Valencia„ hasta acabar en el exilio.
Su figura ha sido rescatada ahora por la investigadora Cristina Escrivà, que desde 2005 persigue el rastro de Reuter „pronúnciese en español, pues así lo asumió él tras hispanizarse en España y México„ por archivos históricos españoles. El resultado de la investigación, de la que se han ido viendo algunos resultados parciales en el pasado, como las fotografías de la colonias escolares o del instituto para obreros de Valencia, se plasma ahora en la publicación Los ojos de Walter Reuter, que presentó ayer en la Universitat de València.
Fue el proyecto de los institutos el que llevó a la escritora hasta Reuter. Los testimonios orales de aquella experiencia educativa decían que habían ido a fotografiarlos. Escrivà buscó el material en la Biblioteca Nacional y encontró que la mayoría de imágenes las firmaba un tal Walter Reuter, nombró desconocido para ella hasta el momento (otras eran del valenciano Luis Vidal Corella). A partir de entonces, cada visita a la Biblioteca Nacional era momento para buscar nuevas fotografías del alemán, hasta que al final, explica, surgió la oportunidad de investigar a fondo.
El libro incluye más de 130 fotografías, la mayoría inéditas, a través de las cuales Escrivà realiza un recorrido biográfico por la etapa española de Reuter, casi desconocida frente al periodo mexicano, bien estudiado y documentado por una de sus hijas. Las imágenes de la experiencia republicana están extraídas de la Biblioteca Nacional, el Archivo General de la Administración, el Archivo de Salamanca „diez instantáneas, pero importantes porque han llevado a otras de las mismas series conservadas sin sello„ y el de Historia Social de Amsterdam.
La investigadora pone a Reuter a la altura de los reconocidos Capa y el valenciano Agustí Centelles, solo que el alemán se centró en la retaguardia, siguió al Gobierno de la República „una especie de reportero institucional„ y fue el fotógrafo especialmente de sus proyectos culturales.
En la «maleta mexicana» de Capa aparecida en 2007 figuran unas últimas fotografías de Gerda Taro moribunda tras su accidente en el frente. Capa no estaba en España y existe la teoría „que Escrivà ve posible„ de que Reuter tomó esas imágenes. Pero oficialmente, ni por eso es conocido.

domingo, 27 de enero de 2013

Magnum sigue disparando


Magnum sigue disparando

La prestigiosa agencia, que debe su nombre a la afición de sus fundadores por las grandes botellas de champán, cumple 65 años en la cima del fotoperiodismo.

Su revolución gráfica pervive a pesar de las graves crisis del oficio.

Magnum sigue disparando… porque esta legendaria cooperativa de los mejores fotógrafos del planeta no ha dejado de apuntar con sus cámaras de fotos hacia todo lo que en estos últimos 65 años merecía la pena ser retratado. Sí, ya sé que el nombre de la agencia Magnum no se refiere al conocido revólver, sino a la botella de litro y medio de champán que tanto le gustaba beber a Robert Capa después de una dura campaña de fotos saltando de trinchera en trinchera, pero es cierto que gran parte de la épica de este grupo de escogidos fotógrafos se ha forjado en las guerras del siglo XX y que la marca Magnum es sinónimo de fotografía bélica. Sin embargo, sus hombres y mujeres han documentado desde conflictos y revoluciones, hasta concursos de belleza, migraciones, desastres naturales o partidos de béisbol, y siempre con una enorme intencionalidad estética en cada uno de sus fotogramas. Porque esa parece ser la divisa de Magnum. Su sello. No solo están siempre donde hay que estar, sino que además logran contarlo, plasmarlo, de la manera más efectiva posible, mas impactante, incluso más bella si es que una fotografía de guerra, por ejemplo, puede ser bella.
Robert Capa, el más conocido de los primeros cuatro socios de la cooperativa, nos dejó una frase para la historia (y para las facultades de Periodismo): si tu fotografía no es buena es porque no estabas lo suficientemente cerca. La gente de Magnum apenas usa teleobjetivos. Suelen trabajar con ópticas cortas, de las que obligan a acercarte a los hechos para capturar ese momento efímero. Capa debe de ser el único fotógrafo que ha conseguido imágenes icónicas de al menos dos grandes conflictos: su miliciano del mono blanco cayendo herido de muerte en Cerro Muriano, en la guerra civil española, y la borrosa silueta de un marine estadounidense en las playas de Normandía iniciando el asalto a Europa. En las dos él estaba tan cerca que ya nos da igual no saber quiénes eran esos dos soldados, porque las fotografías trascienden su significado y nos dicen, sobre todo, que el fotógrafo estaba allí. En los últimos años, incluso, se ha dudado de que el miliciano español hubiera sido herido, que estuviera siquiera en el frente y si la fotografía era de Capa o de su entonces compañera sentimental, Gerda Taro. Pero ese debate, de verdad, solo lo hemos tenido en España. Para el resto del mundo, para la historia, el fundador de Magnum fue el primero que retrató a un soldado en el momento de su muerte. Y eso ya no hay quien lo cambie. Capa murió en 1954 reventado por una mina en Indochina y no consta que dejara nada dicho o escrito sobre esa fotografía ni ese miliciano. No existe su verdad sobre ella, más allá de que siempre reivindicó esa foto como suya. Que ya es bastante.
Otro de sus colegas, Henri Cartier-Bresson, le sobrevivió casi cincuenta años más. El francés fue, podemos decir, el maestro retratista de la agencia. Un hombre que bebía de las fuentes del surrealismo parisiense del periodo de entreguerras y que nunca se desprendió de su Leica de 35 milímetros. Cartier-Bresson dejó un concepto que todos los periodistas, gráficos o no, hemos intentado alguna vez aprehender: “El instante decisivo”. Ese fogonazo de comunión absoluta con la realidad que tienes delante. El momento mágico donde exclamas para tus adentros “lo tengo”. Ese clic que encierra días de preparación, horas de espera, minutos de riesgo y segundos de duda. Cartier-Bresson fue un fotógrafo humanista y esa impronta se convirtió también en marca de la casa Magnun. Algunos de sus más reputados miembros, como Sebastião Salgado, han elevado sus series sobre las migraciones humanas a categoría de arte. Cristina García Rodero, la única española en la agencia, ha documentado la España oculta y, seguramente, más fascinante, desde hace muchos años.
No solo están donde hay que estar, sino que lo plasman de forma bella
El mito de Magnum reside en la incontestable calidad de su nómina de fotógrafos, pero también en la enorme fuerza creativa del trabajo de sus fundadores y el destino trágico de alguno de ellos. David Seymour murió dos años después de Capa, abatido por las balas egipcias en el conflicto del Canal de Suez. Y George Rodger no volvió a fotografiar una guerra después de ser de los primeros en entrar en el campo de concentración nazi de Bergen Belseny retratar las pilas de cadáveres de judíos en lo que fue la primera prueba gráfica del genocidio.
Argel, 1959. / FOTOGRAFÍA DE SERGIO LARRAIN
Fíjense en las fotografías que acompañan este reportaje. Con el trabajo de los señores de Magnum muchos de nosotros nos hemos formado y preparado. Hemos aprendido y hemos soñado. Su catálogo tiene más de 200.000 fotografías y todas buenas. En 2010 fue vendido al magnate informático Michael Dell, que a su vez lo cedió a la Universidad de Tejas para su estudio y conservación. En estos tiempos confusos para el periodismo y sus valores, los hombres y mujeres de Magnum siguen siendo un ideal de entrega y de calidad. No está muy claro cómo sobrevivirá la agencia a estos vaivenes digitales, a los móviles con cámara, a los tiempos de Instagram donde cualquiera se hace fotógrafo y juega a poner filtros y crear atmósferas. Ahora que las redes sociales están popularizando ese periodismo ciudadano donde todo vale y se retuitea sin contrastar ni valorar, se sigue necesitando la ética y la estética de Magnum para enterarnos de verdad cuál es el “instante decisivo” de un acontecimiento. Para que sigan enseñándonos el mundo a través de ópticas cercanas, donde el respeto a la realidad y el gusto por una buena historia, “por pequeña que sea”, como decía Cartier-Bresson, siga siendo la diferencia.

Revolucionarios asociados

JON LEE ANDERSON
En 1947, cuatro reporteros gráficos fundaron en París la Agencia Magnum. Iba a convertirse en la primera cooperativa de fotógrafos colaboradores del mundo. Cada uno de los fundadores había participado directamente en la II Guerra Mundial. Una experiencia que cambió sus vidas. El grupo lo formaban el húngaro Robert Capa, el francés Henri Cartier-Bresson, el británico George Rod­ger y el polaco David Seymour, Chim.
Capa era ya un conocido y veterano fotógrafo de la Guerra Civil española –que había cubierto junto a su socia Gerda Taro– y de la II Guerra Mundial cuando surgió en su cabeza la idea de crear la Agencia Magnum. Había fotografiado en Normandía el desembarco en Omaha Beach. Sus imágenes eran legendarias. Capa era un hombre apuesto que aún no había cumplido 35 años y que encarnaba además la elegancia y la valentía de un fotógrafo de guerra.
Seymour también había capturado imágenes de la Guerra Civil española. Después de emigrar a Estados Unidos y de convertirse en ciudadano estadounidense, se había alistado en el Ejército norteamericano y había servido como fotógrafo de guerra en Europa durante la II Guerra Mundial. Cuando regresó a Polonia, sus padres habían muerto en un campo de concentración nazi.
Cartier-Bresson era el heredero de una adinerada familia francesa católica. Se convirtió en un fotógrafo surrealista que compartía un estudio en el París de antes de la guerra con Capa y Seymour. Los tres eran amigos. Cuando Alemania invadió Francia, Cartier-Bresson se alistó en el Ejército francés como fotógrafo de combate. Aunque fue capturado y estuvo tres años en la cárcel como prisionero de guerra, posteriormente se escapó para unirse a la resistencia francesa.
Rodger era un aventurero inglés que tras el bachillerato se lanzó a la mar. Después de pasar una temporada en un barco mercante en el que dio la vuelta al mundo, volvió a su país y encontró trabajo como fotógrafo. Cuando comenzó la II Guerra Mundial, documentó el Blitz de Londres captando las acciones bélicas de los aliados, trabajó como colaborador en la revista Life y pasó el resto de la guerra cubriendo conflictos en África, Europa, Birmania y China. Cuando la guerra mundial terminó, Rodger fue uno de los primeros fotógrafos que entró en Bergen-Belsen, capturando con su cámara las primeras evidencias visuales de los campos de exterminio de los nazis. Aquella experiencia fue tan traumática que, a diferencia de sus compañeros fundadores de Magnum, decidió que jamás volvería a trabajar como corresponsal de guerra. Y no lo hizo.
Posteriormente, los hombres de Magnum se dividieron el mundo en distintas zonas geográficas, y se pusieron a trabajar. En 1954, Capa murió al pisar una mina terrestre en Indochina. Dos años más tarde, Seymour fue alcanzado por el fuego de una ametralladora egipcia mientras cubría el conflicto del Canal de Suez en 1956. Rodger vivió más tiempo y murió en 1995, a los 87 años. Cartier-Bresson, que había nacido el mismo año que Rodger, vivió casi diez años más. Murió en 2004 a los 96 años.
Al tiempo que nuevos fotógrafos se han ido incorporando a la Agencia Magnum durante los últimos 65 años, otros han muerto o se han jubilado. Pero todos sus miembros han continuado capturando las imágenes de los conflictos mundiales. (…)
La mayoría de los fotógrafos que pertenecen a la última generación de Magnun, cuyo rango de edad oscila entre los 28 y 29 años y los cuarenta y pocos, eran aún unos niños cuando se desmoronó el comunismo. Aprendieron su oficio en un complicado campo de pruebas con desagradables consecuencias para ellos: en el Cáucaso, durante la separación de Yugoslavia y en las guerras de Irak y Afganistán que siguieron a los atentados terroristas del 9 de septiembre. Incluso, mientras algunos de aquellos conflictos empezaban y otros terminaban, ciertas tensiones sin resolver que se produjeron tras la desintegración de la Unión Soviética dieron origen –del mismo modo que se produce un seísmo cuando hay un desplazamiento de las placas tectónicas–, a una serie de así llamadas revoluciones de colores contra los totalitarismos arraigados en lugares como Georgia (revolución de las rosas), Ucrania (revolución naranja) y Kirguistán (revolución de los tulipanes), cada una de ellas documentada muy de cerca por el fotógrafo alemán Thomas Dworzak. (…)

Junto a su amigo norteamericano, y también fotógrafo Chris Hondros, el fotógrafo británico Tim Hetherington, que había iniciado su carrera en Magnum, murió en abril de 2011 mientras cubría el asedio de las fuerzas de Gadafi a la ciudad libia de Misrata. Fue una trágica pérdida de un hombre joven con talento y en la plenitud de su vida. Es un recordatorio que nos hace pensar que las revoluciones pueden ser dramáticas. Son acontecimientos que cambian la vida, e incluso para demasiados, pueden significar el final de sus vidas.
¿Será posible que la revolución tecnológica tenga como consecuencia que este excepcional grupo de reporteros gráficos de Magnum desaparezca dentro de unos pocos años? Tal vez. Pero aún es muy pronto para saberlo. Este libro, mientras tanto, es el testimonio de un periodo extraordinario de la historia humana que ha sido contado por un grupo de hombres y mujeres igualmente extraordinario. Puede que no volvamos a ver algo parecido otra vez.
© 2012, Jon Lee Anderson. Traducción de Virginia Solans.
Texto extraído del libro ‘Magnum Revolution. 65 years of fighting for freedom’, editado recientemente por Prestel.