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domingo, 5 de enero de 2014

Robert Capa,reportero de guerra







 Robert Capa,reportero de guerra


Manuel García


El trabajo de Robert Capa, según su biógrafo Richard Whelan, se inscribe en la historia de la prensa gráfica del siglo XX, una historia vinculada a la revolución industrial, la evolución de las cámaras fotográficas y el concepto de la fotografía.

Por su formación en Budapest (1913-31), su iniciación en la fotografía en Berlín (1931-33) y etapa profesional en París (1933-1936), el discurso visual de Robert Capa se nutre de la escuela fotográfica húngara de Jozsef Pécsi; Lajos Kassák y Gyorgy Kepes; del reporterismo berlinés de Harald Lechenperg, Félix H, Man y Otto Umbehr (Umbo) y de la fotografía que hacían en París fotógrafos como Henri Cartier-Bresson, Giselle Freund, André Kertesz, Hans Namuth, David Seymour y muchos más.

El de Capa es un trabajo que, al cabo de los años, tuvo un amplio reconocimiento internacional, gracias a la gestión del International Center of Photography de Nueva York.


Budapest, 1913-31


Interior de La maleta mexicana con miles de negativos tomados por Robert Capa, durante la Guerra civil española



Robert Capa, cuyo nombre de pila era André Friedmann, nació el 22 de octubre de 1913, en la ciudad húngara de Pest. Por entonces Budapest estaba todavía dividida por el Rio Danubio en dos barrios distintos: Buda y Pest. Inscrito en el Imre Madách Gymnasium de Barcsay Utca, allí haría sus estudios secundarios, formándose en la lengua hebrea y la cultura judía.


Su primer contacto con la fotografía lo haría a través de Eva Besnyö, amiga y fotógrafa. Su primer encuentro con la cultura lo hizo a través de Lajos Kassák, fotógrafo y fundador del periódicoMunka. Interesado por la literatura y la política decidió, desde muy joven, dedicarse al periodismo. Tras los diversos avatares de Hungría en la primera guerra mundial, la llegada al poder de Béla Kun (1918) y el golpe de Estado posterior del almirante Horthy (1919) y la persecución de la izquierda (1931), decide abandonar Budapest e irse a Berlín.


Berlín, 1931-33


Instalado en Berlín, Capa se inscribe en la Deutsche Hochschule für Politik con el ánimo de ampliar su formación política. Gracias a Eva Besnyö contacta con Simon Guttmann, director de la agencia Dephot (Deutscher Photodienst), donde se inicia como ayudante de laboratorio, hasta que en 1932 lo envían a Suecia para cubrir un mitin de León Trotsky, que publicaría en la revista Der Weltspiegel, siendo el primer reportaje de su carrera profesional. Al ser nombrado Adolf Hitler como canciller de Alemania (30/I/1933) y ante el ascenso de los nazis y persecución de la gente de izquierdas decide, con el apoyo de una organización judía, marcharse de Berlín y regresar a Hungría.


París, 1933-36


En el otoño de 1933, Csiki Weisz y André Friedmann llegan en tren por la Gare de l’Est a París. Allí contactan con la Schutzverband Deutscher Schriftsteller, que se reunía en el Café Mefisto, a donde acudían emigrados como los escritores Arthur Koestler, Egon Erwin Kisch, Gustav Regler, Paul Westein y otros. A lo largo de su estancia en la capital francesa conoce, entre otros, a los fotógrafos Cartier-Bresson, Giselle Freund, André Kertesz, Hans Namuth y David Seymour. Los años parisinos son duros y llenos de incertidumbres laborales, hasta que la Agence Centrale, creada por los hermanos Kart y Hans Steinitz, le encargan algunos reportajes e incluso le facilitan una cámara Plaubel Makine para que realice su trabajo; oportunidad que amplía con los encargos que, desde Zurich, le hace de vez en cuando para empresas suizas Simon Guttmann. Así sobrevive, hasta que conoce a Gerta Pohorylles (1910-37), con quien compartiría, desde entonces amistad, trabajo y pasión personal.






Primera cámara Leica de Robert Capa en 1932 usada para fotografiar a Trosky en Dinamarca


En la capital francesa, Gerta Pohorylles se convierte en la fotógrafa Gerda Taro y André Fiedmann en Robert Capa, iniciando sus colaboraciones con la Agencia Anglo Continental (1934), creada por Fritz Goro y Marie Eisner. De esta manera, Capa hace su primer viaje a España, donde realiza un par de reportajes sobre el boxeador Paulino Uzcudun en San Sebastián y el aviador Emilio Herrera en Madrid, que publicaría en las revistas Vu (París) y Berliner Illustrierte (Berlín). La creación, por Marie Eisner, de la agencia Alliance Photo (1934), que distribuye los reportajes para las agencias ABC de Ámsterdam y Black Star de Nueva York, amplía sus perspectivas profesionales.


En los albores de 1936 cambia por completo la situación política tanto en España como en Francia, al ganar el Frente Popular las elecciones en ambos países, con la diferencia de que Francia se enfrenta a importantes protestas de la clase trabajadora y España a una rebelión militar.


De los Cuadernos de guerra de España a La maleta mexicana





Niña en el Centro de Refugiados en Tránsito, Barcelona, 1939


Primero fue el hallazgo de las fotografías de losCuadernos de guerra de Robert Capa, conservados en los Archives Nacionales de France en París, exhibidas por vez primera en el Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas (Valencia, 1987).


Quizá lo más asombroso del hallazgo no fue recuperar los negativos de sus reportajes, remitidos a las agencias de prensa de la época –Anglo Continental Press-Photo, Alliance Photo, Back Star, etcétera– y a las revistas ilustradas del período –Vu, Regards,Life, etcétera–, sino los álbumes de sus fotos, testimonio excepcional del meticuloso trabajo del reportero de prensa.


Luego fue el hallazgo de la llamada La maleta mexicana, que apareció en Ciudad de México en 2007 y contenía –según reporteó en su momento Merry MacMasters en La Jornada (México, 13/IX/2013–, unos 4 mil 500 negativos de la Guerra civil española atribuidos a los fotógrafos Robert Capa, DavidChim Seymour y Gerda Taro.


Robert Capa, fotógrafo de guerra, 1936-39


Así, el 5 de septiembre de 1936, llega Robert Capa a Barcelona y da comienzo el primer trabajo como reportero de guerra, una labor que entre 1936 y 1937 comparte con Gerda Taro, cuya autoría, en algunas secuencias, todavía plantea dudas entre los expertos. La cobertura de la Guerra civil española pasa por diversas etapas. La primera es el trabajo conjunto de Capa y Taro por Barcelona, el Alto Aragón, Madrid, la provincia de Córdoba y el Congreso de Intelectuales Antifascistas en Defensa de la Cultura, hasta la muerte trágica de Gerda Taro (1937). La última es el retorno, ya en solitario, de Robert Capa a Madrid, Teruel, el frente del Segre, los reportajes sobre los refugiados de Tarragona a Barcelona, la despedida de las Brigadas Internacionales y los campos de concentración franceses (1938-1939). En medio está el periplo de Capa como reportero y ayudante de cámara de Joris Ivens –autor del documental Spanish earth (1937, en el conflicto chino-japonés (1938).






Fotos tomada del libro: Robert Capa, cuadernos de guerra en España (1936-1939), editado por la Diputación Provincial de Valencia



Como quedó evidenciado en las exposiciones Fotografía e informazione di guerra(Venecia, 1976) y La guerre civile espagnole (Barcelona, 2003), la imagen de la guerra es la suma de las imágenes foráneas y las imágenes lugareñas. Al trabajo realizado por reporteros gráficos extranjeros como Robert Capa, Hans Namuth o David Seymour, hay que añadir el de reporteros gráficos españoles como Agustí Centelles, Foto Mayo o Finezas, por poner sólo unos ejemplos. Estamos hablando de fotografías que publicaba tanto la prensa ilustrada extranjera –Vu, Life, Picture Post, entre otros medios– como la prensa ilustrada española: ABC, Ahora, Crónica, Mundo Gráfico, La Vanguardia, etcétera.


Una de las virtudes de la exposición La maleta mexicana, exhibida en México, con hojas de contactos, setenta fotos, sesenta revistas y un par de filmes, de imágenes realizadas por Capa, Seymour y Taro, es que desglosa la obra a través de los reportajes de las revistas; los álbumes del autor y las fotografías de mayor impacto del período. Todo esto permite ahora valorar mejor el trabajo nómada de este autor y sus amigos, que van recorriendo de norte a sur la geografía española para testimoniar el conflicto bélico en la prensa extranjera.


Una guerra, unas imágenes







Retirada de las Brigadas Internacionales, Madrid, 1938


La ciudad de Barcelona, en el verano de 1936, aparece a través de varias secuencias: una pareja de milicianos sonrientes, disfrutando del sol en una plaza pública, con la peculiaridad de que el hombre lleva corbata, moño azul y un fusil en la mano (1936); el retrato del niño vestido de miliciano con una gorra de la Unión de Hermanos Proletarios; una cartuchera y correaje de cuero y un fusil de juguete de madera al hombro; una sonriente estampa del tren, lleno de milicianos que desde la Estación de Francia, seguramente, parte en pleno estío hacia el frente bajo la consigna: “Jurad sobre estas letras, hermanos: antes morir que consentir tiranos.” Con ese bagaje urbano, Robert Capa va al frente del Alto Aragón, donde aparecen los fusiles, las trincheras y los milicianos anarquistas que, por esas fechas, combatían en el frente y luego captarían tanto la fotógrafa húngara Kati Horna como el fotógrafo español Agustí Centelles. El periplo español pasa por Madrid camino de Toledo y la provincia de Córdoba, en cuyo Cerro de Muriano captaría la muerte de un miliciano, que sería una de las imágenes emblemáticas de la Guerra civil española, reproducida en las revistas Vu(París, 23/IX/36); Regards (París, 1937) y Life (Nueva York, 12/VII/1937).


Como se mencionó, en 1936 y 1937 todavía trabajan juntos Robert Capa y Gerda Taro para cubrir reportajes en Madrid, Teruel y Valencia, hasta la muerte accidental de la fotógrafa en Brunete. Los reportajes evocan retratos en primer plano de milicianos, destacando la diversidad de los uniformes y las expresiones todavía sonrientes de muchos de ellos y detalles de los republicanos luchando desde las trincheras.


El final de la Guerra civil española, 1938-39







El retorno de Robert Capa a España coincidió con la despedida de las Brigadas Internacionales. Aún le dio tiempo a estar en Les Masies y en Barcelona, para fotografiar los rostros de los voluntarios llegados de todas partes del mundo para defender los valores de la España republicana.


En Barcelona, en el Hotel Majestic, vuelve a encontrarse con buenos amigos: el periodista Herbert Matthews; el escritor Ernest Hemingway y el fotógrafo David Seymour. Al grupo se unen la periodista inglesa Diana Forbes-Robertson y la periodista estadunidense Martha Gellhorn. En apenas unos meses y en la transición del otoño de 1938 a los primeros días de 1939, Robert Capa cubre periodísticamente el frente del río Segre, que consigue publicar en portada y páginas centrales en las revistas Regards (24/XI/1938), Picture Post (3/XII/1938) y Match ( 22/XII/1938).






Robert Capa antes del desembarco en Normandía, 1944



Bombardeos, trincheras, heridos. De nuevo la guerra. Sin olvidar el factor humano. La evacuación a hombros de un herido, el cigarrillo en el frente de un miliciano, el rostro de un periodista leyendo entre la maleza el periódico del día. El siguiente reportaje tiene que ver con el avance de los militares franquistas que han llegado a Vinaroz y fuerzan la huida hacia el norte de miles de refugiados, como lo evidencia la portada de Regards (París, 16/I/1939). Los horrores de la guerra no impiden que en esos reportajes vuelva a mostrar su sensibilidad al evocar los perfiles humanos de la población civil.


A Francia se dirigen, en febrero de 1939, miles de republicanos, hasta llegar a la zona de desarme y control de los refugiados, poco antes de entrar en territorio francés y ser internados en improvisados campos de concentración a orillas del mar. El automóvil de Jimmy Sheean sirve para trasladar a Francia a Matthews, Forrest, Gallager y Capa. Este último aún tuvo energías para regresar a los campos de concentración de Argelès-sur-Mer y Le Barcarés, y dar testimonio de las escenas de los refugiados hacinados en barracones improvisados a orillas del mar Mediterráneo. Esta fue una labor que hizo hasta poco antes de que el general Lázaro Cárdenas, presidente de México entre 1934 y 1940, decidiera dar asilo a miles de españoles que llegarían al puerto de Veracruz en los barcos Sinaia, Mexique y Flandre, bajo la gestión solidaria desde Marsella de la duquesa de Atthol, el cónsul Gilberto Bosques y el museógrafo Fernando Gamboa.


Ese año comenzaría la historia de los refugiados españoles en tierra mexicana, cuyas últimas instantáneas fotográficas, en los campos de concentración franceses, captarían Robert Capa, Agustí Centelles y David Seymour, entre otros, como testimonios de esa historia que, en breve, cumplirá ya setenta y cinco años.

martes, 31 de diciembre de 2013

Teruel, finales de diciembre de 1937



Teruel, finales de diciembre de 1937, cerca de la carretera de Teruel a Sagunto, dos grandes fotoperiodistas del siglo XX frente a frente: Robert Capa y Agustí Centelles.

Página de la revista Life de 24 de enero de 1938, en la fotografía original inferior, Capa fotografió a Centelles, meses más tarde sería al revés, Agustí Centelles fotografiaría a Robert Capa en la despedida de las Brigadas Internacionales en Barcelona, el 28 de octubre de 1938

La Batalla de Teruel,
ver en el catálogo Centelles in edit oh!, el magnifico artículo del historiador e investigador Jesús Núñez Calvo, páginas 87 a 100..

El catálogo [todo] Centelles, cuidadosa investigación de Joaquín D. Gasca y Antón Gasca documenta los diferentes encuentros entre Agustí Centelles, Robert Capa, Gerda Taro y David Seymour.

@OctaviCentelles, pongo a cero mi agenda y repaso el listado de eventos y proyectos expositivos: Más Agustí Centelles i Ossó. 


Ver: Cataluña en la Guerra Civil Española, La Vanguardia, 1986, VVAA, página 200 y 201

domingo, 18 de agosto de 2013

David Seymour, «Chim»

(c) Magnum, autor: David Seymour «Chim»
Copia de autor, marinero del Jaime I.


@OctaviCentelles, desde mi Ipad, con la colaboración de mi equipoOctaviCentelles

domingo, 27 de enero de 2013

Magnum sigue disparando


Magnum sigue disparando

La prestigiosa agencia, que debe su nombre a la afición de sus fundadores por las grandes botellas de champán, cumple 65 años en la cima del fotoperiodismo.

Su revolución gráfica pervive a pesar de las graves crisis del oficio.

Magnum sigue disparando… porque esta legendaria cooperativa de los mejores fotógrafos del planeta no ha dejado de apuntar con sus cámaras de fotos hacia todo lo que en estos últimos 65 años merecía la pena ser retratado. Sí, ya sé que el nombre de la agencia Magnum no se refiere al conocido revólver, sino a la botella de litro y medio de champán que tanto le gustaba beber a Robert Capa después de una dura campaña de fotos saltando de trinchera en trinchera, pero es cierto que gran parte de la épica de este grupo de escogidos fotógrafos se ha forjado en las guerras del siglo XX y que la marca Magnum es sinónimo de fotografía bélica. Sin embargo, sus hombres y mujeres han documentado desde conflictos y revoluciones, hasta concursos de belleza, migraciones, desastres naturales o partidos de béisbol, y siempre con una enorme intencionalidad estética en cada uno de sus fotogramas. Porque esa parece ser la divisa de Magnum. Su sello. No solo están siempre donde hay que estar, sino que además logran contarlo, plasmarlo, de la manera más efectiva posible, mas impactante, incluso más bella si es que una fotografía de guerra, por ejemplo, puede ser bella.
Robert Capa, el más conocido de los primeros cuatro socios de la cooperativa, nos dejó una frase para la historia (y para las facultades de Periodismo): si tu fotografía no es buena es porque no estabas lo suficientemente cerca. La gente de Magnum apenas usa teleobjetivos. Suelen trabajar con ópticas cortas, de las que obligan a acercarte a los hechos para capturar ese momento efímero. Capa debe de ser el único fotógrafo que ha conseguido imágenes icónicas de al menos dos grandes conflictos: su miliciano del mono blanco cayendo herido de muerte en Cerro Muriano, en la guerra civil española, y la borrosa silueta de un marine estadounidense en las playas de Normandía iniciando el asalto a Europa. En las dos él estaba tan cerca que ya nos da igual no saber quiénes eran esos dos soldados, porque las fotografías trascienden su significado y nos dicen, sobre todo, que el fotógrafo estaba allí. En los últimos años, incluso, se ha dudado de que el miliciano español hubiera sido herido, que estuviera siquiera en el frente y si la fotografía era de Capa o de su entonces compañera sentimental, Gerda Taro. Pero ese debate, de verdad, solo lo hemos tenido en España. Para el resto del mundo, para la historia, el fundador de Magnum fue el primero que retrató a un soldado en el momento de su muerte. Y eso ya no hay quien lo cambie. Capa murió en 1954 reventado por una mina en Indochina y no consta que dejara nada dicho o escrito sobre esa fotografía ni ese miliciano. No existe su verdad sobre ella, más allá de que siempre reivindicó esa foto como suya. Que ya es bastante.
Otro de sus colegas, Henri Cartier-Bresson, le sobrevivió casi cincuenta años más. El francés fue, podemos decir, el maestro retratista de la agencia. Un hombre que bebía de las fuentes del surrealismo parisiense del periodo de entreguerras y que nunca se desprendió de su Leica de 35 milímetros. Cartier-Bresson dejó un concepto que todos los periodistas, gráficos o no, hemos intentado alguna vez aprehender: “El instante decisivo”. Ese fogonazo de comunión absoluta con la realidad que tienes delante. El momento mágico donde exclamas para tus adentros “lo tengo”. Ese clic que encierra días de preparación, horas de espera, minutos de riesgo y segundos de duda. Cartier-Bresson fue un fotógrafo humanista y esa impronta se convirtió también en marca de la casa Magnun. Algunos de sus más reputados miembros, como Sebastião Salgado, han elevado sus series sobre las migraciones humanas a categoría de arte. Cristina García Rodero, la única española en la agencia, ha documentado la España oculta y, seguramente, más fascinante, desde hace muchos años.
No solo están donde hay que estar, sino que lo plasman de forma bella
El mito de Magnum reside en la incontestable calidad de su nómina de fotógrafos, pero también en la enorme fuerza creativa del trabajo de sus fundadores y el destino trágico de alguno de ellos. David Seymour murió dos años después de Capa, abatido por las balas egipcias en el conflicto del Canal de Suez. Y George Rodger no volvió a fotografiar una guerra después de ser de los primeros en entrar en el campo de concentración nazi de Bergen Belseny retratar las pilas de cadáveres de judíos en lo que fue la primera prueba gráfica del genocidio.
Argel, 1959. / FOTOGRAFÍA DE SERGIO LARRAIN
Fíjense en las fotografías que acompañan este reportaje. Con el trabajo de los señores de Magnum muchos de nosotros nos hemos formado y preparado. Hemos aprendido y hemos soñado. Su catálogo tiene más de 200.000 fotografías y todas buenas. En 2010 fue vendido al magnate informático Michael Dell, que a su vez lo cedió a la Universidad de Tejas para su estudio y conservación. En estos tiempos confusos para el periodismo y sus valores, los hombres y mujeres de Magnum siguen siendo un ideal de entrega y de calidad. No está muy claro cómo sobrevivirá la agencia a estos vaivenes digitales, a los móviles con cámara, a los tiempos de Instagram donde cualquiera se hace fotógrafo y juega a poner filtros y crear atmósferas. Ahora que las redes sociales están popularizando ese periodismo ciudadano donde todo vale y se retuitea sin contrastar ni valorar, se sigue necesitando la ética y la estética de Magnum para enterarnos de verdad cuál es el “instante decisivo” de un acontecimiento. Para que sigan enseñándonos el mundo a través de ópticas cercanas, donde el respeto a la realidad y el gusto por una buena historia, “por pequeña que sea”, como decía Cartier-Bresson, siga siendo la diferencia.

Revolucionarios asociados

JON LEE ANDERSON
En 1947, cuatro reporteros gráficos fundaron en París la Agencia Magnum. Iba a convertirse en la primera cooperativa de fotógrafos colaboradores del mundo. Cada uno de los fundadores había participado directamente en la II Guerra Mundial. Una experiencia que cambió sus vidas. El grupo lo formaban el húngaro Robert Capa, el francés Henri Cartier-Bresson, el británico George Rod­ger y el polaco David Seymour, Chim.
Capa era ya un conocido y veterano fotógrafo de la Guerra Civil española –que había cubierto junto a su socia Gerda Taro– y de la II Guerra Mundial cuando surgió en su cabeza la idea de crear la Agencia Magnum. Había fotografiado en Normandía el desembarco en Omaha Beach. Sus imágenes eran legendarias. Capa era un hombre apuesto que aún no había cumplido 35 años y que encarnaba además la elegancia y la valentía de un fotógrafo de guerra.
Seymour también había capturado imágenes de la Guerra Civil española. Después de emigrar a Estados Unidos y de convertirse en ciudadano estadounidense, se había alistado en el Ejército norteamericano y había servido como fotógrafo de guerra en Europa durante la II Guerra Mundial. Cuando regresó a Polonia, sus padres habían muerto en un campo de concentración nazi.
Cartier-Bresson era el heredero de una adinerada familia francesa católica. Se convirtió en un fotógrafo surrealista que compartía un estudio en el París de antes de la guerra con Capa y Seymour. Los tres eran amigos. Cuando Alemania invadió Francia, Cartier-Bresson se alistó en el Ejército francés como fotógrafo de combate. Aunque fue capturado y estuvo tres años en la cárcel como prisionero de guerra, posteriormente se escapó para unirse a la resistencia francesa.
Rodger era un aventurero inglés que tras el bachillerato se lanzó a la mar. Después de pasar una temporada en un barco mercante en el que dio la vuelta al mundo, volvió a su país y encontró trabajo como fotógrafo. Cuando comenzó la II Guerra Mundial, documentó el Blitz de Londres captando las acciones bélicas de los aliados, trabajó como colaborador en la revista Life y pasó el resto de la guerra cubriendo conflictos en África, Europa, Birmania y China. Cuando la guerra mundial terminó, Rodger fue uno de los primeros fotógrafos que entró en Bergen-Belsen, capturando con su cámara las primeras evidencias visuales de los campos de exterminio de los nazis. Aquella experiencia fue tan traumática que, a diferencia de sus compañeros fundadores de Magnum, decidió que jamás volvería a trabajar como corresponsal de guerra. Y no lo hizo.
Posteriormente, los hombres de Magnum se dividieron el mundo en distintas zonas geográficas, y se pusieron a trabajar. En 1954, Capa murió al pisar una mina terrestre en Indochina. Dos años más tarde, Seymour fue alcanzado por el fuego de una ametralladora egipcia mientras cubría el conflicto del Canal de Suez en 1956. Rodger vivió más tiempo y murió en 1995, a los 87 años. Cartier-Bresson, que había nacido el mismo año que Rodger, vivió casi diez años más. Murió en 2004 a los 96 años.
Al tiempo que nuevos fotógrafos se han ido incorporando a la Agencia Magnum durante los últimos 65 años, otros han muerto o se han jubilado. Pero todos sus miembros han continuado capturando las imágenes de los conflictos mundiales. (…)
La mayoría de los fotógrafos que pertenecen a la última generación de Magnun, cuyo rango de edad oscila entre los 28 y 29 años y los cuarenta y pocos, eran aún unos niños cuando se desmoronó el comunismo. Aprendieron su oficio en un complicado campo de pruebas con desagradables consecuencias para ellos: en el Cáucaso, durante la separación de Yugoslavia y en las guerras de Irak y Afganistán que siguieron a los atentados terroristas del 9 de septiembre. Incluso, mientras algunos de aquellos conflictos empezaban y otros terminaban, ciertas tensiones sin resolver que se produjeron tras la desintegración de la Unión Soviética dieron origen –del mismo modo que se produce un seísmo cuando hay un desplazamiento de las placas tectónicas–, a una serie de así llamadas revoluciones de colores contra los totalitarismos arraigados en lugares como Georgia (revolución de las rosas), Ucrania (revolución naranja) y Kirguistán (revolución de los tulipanes), cada una de ellas documentada muy de cerca por el fotógrafo alemán Thomas Dworzak. (…)

Junto a su amigo norteamericano, y también fotógrafo Chris Hondros, el fotógrafo británico Tim Hetherington, que había iniciado su carrera en Magnum, murió en abril de 2011 mientras cubría el asedio de las fuerzas de Gadafi a la ciudad libia de Misrata. Fue una trágica pérdida de un hombre joven con talento y en la plenitud de su vida. Es un recordatorio que nos hace pensar que las revoluciones pueden ser dramáticas. Son acontecimientos que cambian la vida, e incluso para demasiados, pueden significar el final de sus vidas.
¿Será posible que la revolución tecnológica tenga como consecuencia que este excepcional grupo de reporteros gráficos de Magnum desaparezca dentro de unos pocos años? Tal vez. Pero aún es muy pronto para saberlo. Este libro, mientras tanto, es el testimonio de un periodo extraordinario de la historia humana que ha sido contado por un grupo de hombres y mujeres igualmente extraordinario. Puede que no volvamos a ver algo parecido otra vez.
© 2012, Jon Lee Anderson. Traducción de Virginia Solans.
Texto extraído del libro ‘Magnum Revolution. 65 years of fighting for freedom’, editado recientemente por Prestel.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Agustí Centelles y David Seymour, Barcelona, 23 de noviembre de 1936



La investigación seria y rigurosa ha documentado los diferentes encuentros entre Agustí Centelles i Ossó y Robert Capa, pero ¿cúando coincidió nuestro padre con David Seymour «Chim»?

En «La maleta mejicana» se encontraron fotografías que Chim tomó el 23 de noviembre de 1936 en Barcelona, La Vanguardia publicó un reportaje completo el día 24 de noviembre, donde se publicaron imágenes de los fotógrafos que cubrieron el impresionante cortejo fúnebre del líder anarquista.

¿Cúantas veces coincidieron Agustí Centelles i Ossó y Chim? En un tranvía en  Montmartre (París) seguro que no.

@OctaviCentelles
Premià de Mar (El Maresme) 22 de noviembre de 1936



viernes, 2 de noviembre de 2012

Ya en noviembre

Ya estamos en noviembre, el año ha pasado muy rápido. Tengo que reponer mi stock de consumibles, hay mucho que escribir para seguir con mi PROYECTO CENTELLES, mi padre, mi maestro en la vida.

La crisis llegó y se ha quedado, habrá que reinventarse y buscar más fórmulas, los únicos que día a día tenemos una cierta seguridad-inseguridad somos los jubilados, tenemos todo el tiempo del mundo, bueno entre la pintura mis blogs, coordinar a mi equipo, la semana va siempre demasiado deprisa.

Estoy haciendo un trabajo de lobby con diferentes asociaciones profesionales de fotógrafos, leo con mucho interés como se reivindica la figura de Constantino Suárez, fotoperiodista contemporáneo de mi padre, pero en el llamado "Frente Norte" 

@OctaviCentelles

domingo, 22 de julio de 2012

La Maleta Mexicana, fotografías de Capa, Gerda Taro y Chim



Cynthia Young, comisaria de la exposición 'La maleta mexicana', nos explica en qué consiste el conjunto de negativos, conocido como la 'maleta mexicana', una amplia, rica y exclusiva panorámica de una guerra que cambiaría el curso de la historia europea y constituyó, además, un hallazgo de valor incalculable por su aportación a la evolución de la fotografía bélica.

sábado, 21 de julio de 2012

La maleta mexicana


La historia de la “maleta mexicana”

A finales de diciembre de 2007, al término de un largo y misterioso viaje, llegaron al International Center of Photography tres cajitas de cartón. Estas maltrechas cajas, que se conocen como “la maleta mexicana”, contenían los míticos negativos de Robert Capa sobre la Guerra Civil española. Hacía años que corrían rumores sobre la supervivencia de estos negativos, desaparecidos del estudio de Capa en París al principio de la Segunda Guerra Mundial, pero de nada habían servido los esfuerzos de su hermano Cornell, fundador del ICP, por rastrear las distintas versiones, ni su ahínco en buscar los negativos. Tuvo que esperar hasta sus 89 años para ver el contenido de las cajas: 126 rollos de película, no sólo de Robert Capa, sino de Gerda Taro y David Seymour (llamado “Chim”), tres de los principales fotógrafos de la Guerra Civil española. El conjunto de estos rollos forma un documento de valor incalculable sobre la evolución de la fotografía y el fotoperiodismo bélico, pero también sobre el gran pulso político por marcar el rumbo de la historia española y frenar la expansión del fascismo en el mundo.
Taro and Capa
Hemos llegado a la conclusión de que los rollos de la “maleta mexicana” se dividen aproximadamente en tercios, entre Chim, Capa y Taro. Casi todas las tomas son de la Guerra Civil española, y fueron hechas entre mayo de 1936 y la primavera de 1939. Hay dos excepciones: dos rollos de Fred Stein expuestos en París a finales de 1935, con la famosa imagen de Gerda Taro escribiendo a máquina y la de Taro y Capa en un café, y otros dos rollos del viaje a Bélgica de Capa, en mayo de 1939. La presencia de estos cuatro rollos junto a las películas de España es de difícil explicación.
No contiene la “maleta” una colección íntegra de los reportajes sobre la Guerra Civil de Capa, Taro o Chim, pero sí muchos de los más importantes. De Capa hay imágenes de edificios destruidos en Madrid, de la batalla de Teruel, de la batalla del Segre y de la movilización para la defensa de Barcelona en enero de 1939, sin olvidar las del multitudinario éxodo de Tarragona a Barcelona y la frontera francesa. Hay varios rollos de sus reportajes sobre los campos de refugiados españoles en Argelès-sur-Mer y Barcarès, hechos en marzo de 1939. Hemos encontrado la célebre imagen de Chim de una mujer amamantando a un bebé durante una reunión sobre la reforma agraria, tomada en Extremadura en mayo de 1936, así como sus retratos de Dolores Ibárruri, la Pasionaria. Aparecen también muchas imágenes de sus reportajes sobre el País Vasco y la batalla de Oviedo. De Taro contamos con dinámicas imágenes de la instrucción del nuevo Ejército Popular en Valencia, del puerto de Navacerrada, en el frente de Segovia, y las últimas fotos que hizo al cubrir la batalla de Brunete, donde murió el 25 de julio de 1937.
Robert Capa
Los tres fotógrafos, inmigrantes judíos de Hungría, Alemania y Polonia, se instalaron en el París culturalmente abierto de principios de los años treinta. Amigos y colegas, hicieron varios viajes juntos por España. Publicaron en las principales revistas europeas y americanas que informaban sobre la guerra, con aportaciones frecuentes a Regards,Ce Soir y Vu, y más tarde a Life. La suma de sus reportajes compone uno de los documentos visuales más importantes de la guerra. Hasta 1995, estos negativos se consideraban prácticamente perdidos.
Aún no se sabe exactamente cómo llegaron a Ciudad de México los negativos. En octubre de 1939, cuando el ejército alemán se acercaba a París, Robert Capa zarpó para Nueva York para no ser capturado por los alemanes, y hecho prisionero como ciudadano de país enemigo o simpatizante comunista.1 Por lo que sabemos, dejó todos sus negativos en su estudio parisino del número 37 de la rue Froidevaux, al cuidado de su técnico de laboratorio (y también fotógrafo) Imre “Csiki” Weiss (1911–2006). En una carta fechada el 5 de julio de 1975, Weiss recordaba lo siguiente: “En 1939, cuando los alemanes se acercaban a París, metí todos los negativos de Bob en una mochila y me la llevé en bicicleta a Burdeos, para intentar embarcarla a México. Por la calle me encontré con un chileno, y le pedí que llevara mis paquetes de película a su consulado, para que no les pasara nada. Accedió.”2 Csiki, otro emigrante húngaro judío, no logró salir del territorio controlado por los franceses. Estuvo en un campo de reclusión de Marruecos hasta 1941, cuando quedó en libertad gracias a la ayuda de los hermanos Capa. A México llegó el mismo año.
La carta de Csiki de 1975 podría ser el documento más antiguo del que se tiene noticia sobre la historia de los negativos desaparecidos. Ni John Morris, editor fotográfico que conoció a Capa en Nueva York en 1939 y fue amigo íntimo y colega suyo hasta su muerte, ni Inge Bondi, que ingresó en la agencia neoyorquina de Magnum en 1950 y trabajó veinte años para ella, recuerdan que Capa mencionase los negativos desaparecidos, o se mostrase apenado por la desaparición de muchas de sus imágenes más célebres de la Guerra Civil española.3
En 1979, con motivo de la inclusión de la obra de Capa en la Biennale de Venecia, Cornell hizo público un llamamiento a la comunidad fotográfica para recibir cualquier información sobre los negativos perdidos de su hermano, después de que apareciese un texto de John Steinbeck sobre la obra de Capa en la revista francesa Photo. “En 1940 –escribía Cornell Capa-, ante el avance del ejército alemán, mi hermano le dio a un amigo suyo una maleta llena de documentos y negativos. De camino a Marsella, el amigo confió la maleta a un veterano de la Guerra Civil española, para que la escondiese en el sótano de un consulado latinoamericano. Aquí termina la historia. Todos los intentos de encontrar la maleta han sido en vano. Naturalmente, puede producirse un milagro. Si alguien tiene información sobre la maleta, que se ponga en contacto conmigo, y tendrá de antemano mi infinita gratitud.”4 Por desgracia no salió nada nuevo a relucir. Se habló de un viaje a Chile para localizar el “consulado latinoamericano”. Hasta se realizó una excavación en Francia, donde alguien dijo que habían sido enterrados los negativos,5 pero no se encontró nada.
Actualmente sabemos que en algún momento la maleta llegó a manos del general Francisco Aguilar González, el embajador mexicano ante el gobierno de Vichy en 1941–1942. Ignoramos cuándo, y en qué circunstancias. Es muy probable que en el entorno de clandestinidad y nerviosismo de los miles de refugiados judíos y extranjeros que buscaban visados para salir de Francia por el sur, Csiki se diera cuenta de lo peligroso de su situación, y le diera los negativos a alguien que pudiera ponerlos a salvo o esconderlos sin demora. Aún no está claro que Aguilar fuera receptor consciente de los negativos, o tuviera alguna idea de su importancia (suponiendo que fuera consciente de tenerlos). Tan posible es que sobrevivieran porque se conocía su valor, como que lo hicieran por desconocimiento, pasando discretamente desapercibidos. Más tarde, Aguilar regresó a Ciudad de México, y cabe suponer que se llevó los negativos en su equipaje. Murió en 1971. El paradero de los negativos no llegó a saberse en vida de Capa.
Robert Capa notebook
Desde entonces ha habido tres noticias sobre hallazgos importantes de obras de Capa/Taro/Chim en lugares inesperados. En 1970, el investigador español Carlos Serrano, que trabajaba en los Archives Nationales de París, descubrió ocho cuadernos de contactos con negativos hechos en España por Capa, Taro y Chim. Estos cuadernos (de formato reducido, unos 20 x 25 cm) contienen unas 2500 imágenes pequeñas de 1936-1939 pegadas a las páginas, básicamente a modo de hojas de contactos. Fueron confeccionados para mostrar todo el espectro de los reportajes a posibles editores, y poder llevar la cuenta de qué imágenes usaban las revistas. Algunas imágenes llevan números consecutivos. También las hay con datos de publicación y otras anotaciones. Algunas identifican al fotógrafo, pero no todas. En conjunto, estos cuadernos son los testimonios más personales y completos de la obra de los tres fotógrafos. Las pertenencias de Capa incluían un cuaderno similar, con imágenes de agosto de 1936 hechas por él y Taro. Actualmente forma parte de la colección del International Center of Photography. Los otros ocho cuadernos siguen en los Archives Nationales de París.
La historia de los cuadernos también tiene su interés. Según los números de registro, forman parte de una colección del Ministerio de Interior y Seguridad de Estado francés que ingresó en el archivo en 1952 sin ninguna indicación sobre la fecha o causa de la obtención del material.6 Algunos números de registro de los cuadernos corresponden a los papeles personales de Gustav Rengler, detenido por la policía francesa en septiembre de 1939, y otros a una carpeta de la Agence Espagne, la agencia comunista que distribuía noticias y fotos de la Guerra Civil española en Francia, y que tal vez fuera asaltada por las mismas fechas.7 Richard Whelan, el biógrafo de Capa, ha apuntado la posibilidad de que la agencia tomase prestados los cuadernos (dada su condición de instrumento para vender fotos), y no los devolviese.
En 1978 apareció en París más material de Capa. Bernard Matussière, que vive en el antiguo estudio del fotógrafo (el número 37 de la rue Froidevaux), descubrió en el desván 97 negativos, 27 copias de época y un cuaderno de contactos de China.8 Matussière heredó el apartamento del fotógrafo Émile Muller, para quien trabajó como ayudante durante dieciocho años. Muller no sólo conocía a Capa, sino que quedó a cargo del contenido del apartamento de este último a su marcha de París con Weiss, en 1939.9 Las fotos encontradas en el desván, donde imperaba un gran desorden, correspondían a los reportajes de Capa sobre el Front Populaire en París, la Guerra Civil española y la guerra entre China y Japón. Matussiere hizo público el descubrimiento en junio de 1983, en un artículo de Photo. Tras su publicación, entregó los negativos a Cornell Capa,10 y tanto ellos como los cuadernos han pasado a formar parte de la colección del ICP.
En 1979 aparecieron unas 97 fotos de la Guerra Civil española en el Ministerio de Asuntos Exteriores sueco. Esta colección de copias formaba parte de una caja de documentos y cartas propiedad de Juan Negrín, primer ministro de la Segunda República española, que vivió exiliado en Francia desde el final de la guerra hasta su muerte, en 1956. Según Lennart Petri, embajador sueco en España, los documentos fueron depositados en la legación sueca de Vichy, dentro de una pequeña maleta (en circunstancias que ignoramos). A finales de la Segunda Guerra Mundial esta maleta fue enviada al archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores sueco.11 La mayoría de los documentos y cartas datan de los últimos meses de la guerra, sobre todo de enero de 1939, y estaban ordenados en tres partes: documentos del Ministerio de Defensa Nacional, documentos de otros ministerios y correspondencia general, en orden alfabético. No se sabe muy bien por qué obraban las copias en manos de Negrín; una hipótesis es que se las diera el propio Capa en 1938 o 1939, posiblemente para su distribución, o con vistas a que fueran publicadas o expuestas en algún momento.12 Estas imágenes, de entre agosto de 1936 y enero de 1938, son de Capa, Taro, Chim y una incorporación inesperada al grupo: Fred Stein. Abarcan toda la guerra: los reportajes de Capa sobre el bombardeo de Madrid de finales de 1936 y la batalla de Teruel del invierno de 1937, los de Taro sobre Segovia y Madrid de 1937 y las fotos del País Vasco de Chim. (El grupo incluye una de las dos copias de época conocidas de Muerte de un miliciano.) Actualmente, los documentos están en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca.
Nicholas Silberfaden
Los negativos contenidos en la “maleta mexicana” fueron descubiertos entre los efectos del general Aguilar por el director de cine mexicano Benjamin Tarver, quien los heredó a la muerte de su tía, amiga del general. En febrero de 1995, tras ver una exposición de fotos de la Guerra Civil del fotoperiodista holandés Carel Blazer en Ciudad de México, Tarver se puso en contacto con Jerald R. Green, profesor de Queens College, para pedirle consejo sobre cómo catalogar el material y hacerlo accesible al público. “Naturalmente, la prudencia parece aconsejar que el material ... se convierta en un archivo accesible a estudiosos e investigadores de la Guerra Civil española”, escribió Tarver.13 Green, amigo de Cornell Capa, se puso en contacto con él y le informó del contenido de la carta.
Desde entonces, Cornell Capa multiplicó sus esfuerzos por establecer contacto con Tarver y hacerse con el material. Lo extraño del caso es que Tarver le eludía, y no mostraba el menor interés. En otoño de 2003, mientras se preparaban las exposiciones del ICP sobre Capa y Taro de 2007, el difunto Richard Whelan, biógrafo de Capa, y Brian Wallis, conservador jefe del ICP, protagonizaron otro esfuerzo por devolver los negativos a Cornell Capa. A principios de 2007 Wallis se benefició de la ayuda de la comisaria independiente, y directora de cine, Trisha Ziff, que vivía en Ciudad de México. El primer encuentro entre Ziff y Tarver se produjo en mayo de 2007.14 Hicieron falta varios meses para convencer a Tarver de que los negativos tenían que estar en el ICP, junto al resto del archivo de Capa y Taro, y a una nutrida colección de Chim. No hubo ningún tipo de pago. El 19 de diciembre, Ziff llegó al ICP con la “maleta mexicana”. Los negativos perdidos volvían finalmente a casa.
Cynthia Young
Conservadora adjunta del archivo Robert Capa y Cornell Capa 2008
Foto © Nicolas Silberfaden

ICP agradece la ayuda de Alene Davidoff, Karl Katz y Ben Shneiderman en la recuperación de la “maleta”.

1. El Ministerio de Asuntos Exteriores francés rechazó su solicitud de acreditación como fotógrafo, debido a sus relaciones sospechosas con la prensa comunista. En septiembre de 1939 ya eran 15.000 los extranjeros residentes en Francia deportados a campos del sur. En Milles estuvieron recluidos artistas tan famosos como Hans Bellmer, Max Ernst y Wols.
2. Carta de Csiki Weiss a Cornell Capa, 5 de julio de 1975, archivo Cornell Capa, International Center of Photography, Nueva York. Esta carta fue escrita en respuesta a la polémica que desperto la publicación del libro de Phillip Knightley The First Casualty: From the Crimea to Vietnam: The War Correspondent as Hero, Propagandist, and Myth Maker (Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich, 1975), en el que se da a entender que la Muerte de un miliciano de Capa estaba preparada. En la carta, Weiss da fe de que fue Capa el autor del negativo, y certifica su autenticidad.
3. E-mails y debates con el autor, abril-mayo de 2008.
4. Photo, nº 143 (agosto de 1979).
5. E-mail de Jean-Jacques Naudet, director de Photo, 28 de febrero de 2008.
6. Carlos Serrano, Robert Capa: Cuadernos de Guerra en España (1936–1939) (Valencia, Sala Parpallo, 1987), p. 26.
7. Michel Lefebvre, “L'héritier de Robert Capa réclame 4,500 photos à la France”, Le Monde, 8 de noviembre de 2005.
8. Photo, nº 189 (junio de 1983).
9. Michel Lefebvre, “Les tribulations de la ‘valise mexicaine’ de Robert Capa”, Le Monde 2, 9-15 de febrero de 2008, pp. 24–26.
10. David Markus, “The Capa Cache”, American Photo (octubre de 1983), pp. 90–95.
11. Fotografías de Robert Capa sobre la Guerra Civil española (Madrid, Ediciones el Viso, 1990), p. 11, e Isabel Soto, “A Photographic Legacy from Spain's Civil War”, New York Times, 26 de diciembre de 1990.
12. Richard Whelan, This Is War! Robert Capa at Work (Nueva York, International Center of Photography, 2007), p. 87, nota 15. El 25 de octubre de 1938, Capa fotografió a Negrín pronunciando un discurso en la ceremonia de despedida a las Brigadas Internacionales.
13. Carta de Tarver a Green, archivo del ICP.
14. Véase el testimonio de Trisha Ziff sobre su participación en www.zonezero.com/magazine/fs_essays.html.