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domingo, 27 de octubre de 2013

el miliciano de Robert Capa

Rinden homenaje a la famosa

fotografía de Capa de un miliciano

Valderas asiste al acto que reivindicó la memoria histórica


Coincidiendo con el centenario del nacimiento de Robert Capa, el Ayuntamiento de Espejo ha celebrado una jornada en la que se unieron la recuperación de la memoria histórica y la presentación del libro La foto de Capa , por parte del arqueólogo, historiador y escritor Fernando Penco. El autor de esta obra explicó que las investigaciones que llevó a cabo en 2009, junto al fotógrafo Juan Obrero Larrea, sitúan la foto Muerte de un milicianodefinitivamente en Espejo. "Una nueva fotografía que estaba en el ICP (Internacional Center of Photography) y unos relieves geográficos fueron los que dieron la clave de que la fotografía en vez de hacia el norte de la provincia, estaba hecha al sur", detalla el historiador.

El alcalde de la localidad, Francisco Medina, dijo que esta presentación era una deuda pendiente "tanto con su autor como con los cientos de milicianos y sus familias que murieron en el asedio de Espejo a finales de 1936" y destacó el respaldo que suponía la presencia en el acto del consejero de Administración Local y Relaciones Institucionales de la Junta, Diego Valderas, "a la puesta en valor de esta fotografía y a la recuperación de la memoria histórica".

Valderas hizo referencia al trabajo que se está llevando a cabo en la dirección general de memoria democrática de Andalucía y destacó la necesidad de recuperar y devolver la dignidad de "las miles y miles de personas que quedaron en las cunetas de forma desconocida". Para Medina, la celebración de esta jornada ha sido el primer paso en la puesta en valor de la fotografía y de la promoción turística que supondrá para el municipio en los próximos años
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viernes, 16 de agosto de 2013

Elogio del fotógrafo


Elogio del fotógrafo de prensa

14ago 2013
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Los mejores periodistas que he conocido son fotógrafos.
Ahora que Oriol Maspons (84) nos acaba de dejar y que Juan Chávez (77) ha anunciado, en el mismísimo Marivent, que se jubila, me parece un buen momento para expresar en voz alta algo que no todo el mundo en la profesión periodística está dispuesto a reconocer. Yo lo afirmo porque así lo he podido comprobar, prácticamente a diario, durante todo el tiempo que llevo en esto: los fotógrafos que llevan el oficio en las venas son los mejores periodistas.
Si el periodismo es saber resumir, el fotógrafo es el periodista que mejor resume.
Si el periodismo es acertar cuando seleccionas, cuando eliges, cuando apuestas… el fotógrafo es el periodista que más acierta.
Si el periodismo es tener reflejos, saber dónde está lo importante y desechar lo accesorio, en eso el fotógrafo nos gana de calle a los “plumillas”.
Si el periodismo es hablar entre líneas, en eso los fotógrafos son verdaderos maestros. No estoy hablando de las célebres mil palabras que dice el tópico que equivalen a una foto, sino a esa magistral capacidad de mirar que yo he visto en tantos compañeros “foteros”. Esa manera de ver algo que tú, a pesar de estar en el mismo sitio, y a su lado, no descubres hasta que ves la foto hecha.
Si el periodismo es ser testigo, el fotógrafo es el periodista por excelencia. Sin presencia en el lugar de los hechos no hay foto.
Seguro que conocéis, y si no yo os digo que existen, muchos enviados especiales que han tenido la desfachatez de escribir sus crónicas sobre lo que estaba pasando en un determinado país sin salir del hotel en el que se alojaban: teléfono, teclado y punto: listo para enviar. El fotógrafo, no. El fotógrafo se tiene que chupar todas las guardias, todos los madrugones, estar en los sitios antes que lleguen los protagonistas, pasar frío o calor, intentar evitar los obstáculos con los que se encuentran, reticencias, groserías, también insultos…
Un fotógrafo que quiere informar casi siempre estorba, casi siempre lo están echando de los sitios. Salvo las fotos de familia y las ruedas de prensa, donde la vanidad de los protagonistas puede ayudarles en su trabajo, en el resto de informaciones el fotógrafo se lo suele currar luchando contra los elementos.
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Oriol Maspons se dio a conocer en los tiempos de la “gauche divine” catalana. Era un verdadero artista que ilustró decenas de portadas de libros por ejemplo, pero además llevaba en su interior un simpático gamberro de cuya condición dejó memorable constancia en sus años de correrías para “Interviú” junto alentrañable Luis Cantero, ya desaparecido también. Los trajes y las corbatas que Oriol casi nunca usó los gastaba Juan Chávez en “Hola” trotando por los palacios reales de todo el mundo, cubriendo bodas de cuento, viajes institucionales y variados fastos de “divinos” muy diferentes a los que fotografiaba Maspons. En cometidos tan dispares, ambos han sabido lo que es luchar contra los elementos, lo mucho que hay que torear para sacar lo que tú quieres, lo mucho que cuesta conseguir esa imagen que ves nada más llegar a un sitio pero que se te resiste…
Aquí no me caben todos los amigos fotógrafos junto a los que he disfrutado en viajes y saraos varios a lo largo de mi vida profesional. Buenos colegas de quienes aprendí gran parte de lo que sé. Me considero un afortunado por haber podido trabajar al lado de Eduardo Abad, de César LucasGermán Gallego, Fernando Abizanda o Julián Rojas. Tuve varios años a Emilio Morenatti en la mesa de al lado y he visto cómo, al terminar la faena del día, se iba a clases de inglés y a machacarse haciendo footing para cuando se marchara a Oriente Medio. Preparándose a conciencia.
En muchos fotógrafos de prensa, en los fotoperiodistas, he admirado la vocación, las ganas de buscar historias, de vivir una experiencia a tope para poder contarla luego mejor y he comprobado que hablábamos el mismo idioma: hay que estar en el sitio, vivir lo que está pasando, documentarlo y… contarlo cuanto antes.
En las redacciones donde empecé no solo había linotipias, máquinas de escribir y teletipos con campanillas. Existían también unos cuartos oscuros llamadoslaboratorios fotográficos. ¡Qué lejos quedan ya los procesos de revelado! Luego llegaron las primeras cámaras digitales. Carísimas. Y al poco tiempo se desmontaron los laboratorios para que las redacciones ganaran metros. No creáis que de eso hace tanto. Solo hace diez años que asistí, en vivo y en directo y con un nudo en la garganta, al desmontaje del laboratorio fotográfico, de la Agencia Efe en Andalucía.
Cuando lo digital arrasó y los programas de ordenador proliferaron parecía que fotógrafo podía ser cualquiera. Ya se han empezado a dar cuenta de que eso es un error. Aún así, en muchos medios se ha intentado infravalorar el trabajo de los fotógrafos hasta el punto de casi exterminarlos en algunos célebres expedientes de regulación de empleo
Pero el tiempo se va encargando de demostrar que nadie podrá sustituir la mirada del fotógrafo que lleva el periodismo en las venas. Una buena imagen siempre tendrá detrás un profesional con la vocación, el ánimo y el empuje que se precisan para jugarse hasta la vida, y a veces perderla, con tal de conseguir una buena instantánea.
La mirada del fotógrafo de prensa será siempre imprescindible. Y para mirar hace falta un profesional que tenga esa chispa que imprime a su trabajo el valor añadido del punto de vista. Es preciso esa fe que les lleva a insistir, esperar y repetir hasta que tienen exactamente lo que quieren. No es suficiente disponer de una buena cámara automática como muchos gerentes de prensa creen. Por eso sé que siempre necesitaremos locos de la vida como Oriol Maspons o Juan Chávez.
Brindo por ello.
P.D. Mi más sentido reconocimiento a Mick Deane (61) de Sky News, y a Habiba Ahmed Abd Elaziz (26) del digital “Xpress” del grupo  Gulf News. Ambos murieron este miércoles mientras hacían su trabajo como periodistas en los disturbios de Egipto. Otro día hablaré de los cámaras de televisión.

jueves, 8 de agosto de 2013

Rafael Sanz Lobato, 1960-2008.


Documentando España

Virginia Hernández | Vídeo: Daniel Izeddin y Virginia Fernández
Fue ver la serie que Eugene Smith hizo en Deleitosa, en Extremadura, en los años 50 y Rafael Sanz Lobato (Sevilla, 1932) decidió que por ahí irían sus derroteros. El fotógrafo, que entonces trabajaba en una compañía estadounidense en Madrid como perito industrial, cumplía con su horario de lunes a viernes -privilegio del origen de su empresa, porque entonces sólo se libraba los domingos- y durante el fin de semana se dedicaba a documentar España. Una labor que puede verse de forma reposada en una retrospectiva en la Real Academia de San Fernando. [MÁS FOTOS]
Con las Nikon a punto y su Seat 600, recogía sobre todo esa España en fiestas. Las verbenas y celebraciones tradicionales que, modernidades aparte, aún perviven en cualquier pueblo. Rafael, que recibió el Premio Nacional de Fotografía en 2011, tomaba las fotos sin preguntar y pasaba lo más desapercibido que podía. No aceptaba poses estudiadas ni previas medidas al milímetro. Era un disparo en el momento justo.
Viernes Santo. Bercianos de Aliste, 1971 © Rafael Sanz Lobato, VEGAP
Hace una década, cuando trabajaba precisamente en la organización de una exposición de Eugene Smith, se percató de que el de Kansas sí preparaba sus imágenes: fuera la del cadáver, la de los guardia civiles con sus tricornios o la del pastor y las cabras, "que parecían con las patas atadas al suelo". Una decepción que, a la vez, le convertía en un pionero.
"Me disgustó y tengo que reconocer que mi admiración hacia él bajó muchísimo", asegura entre imágenes como las tomadas en el auto sacramental de Camuñas (Toledo) en 1970 o esa Rapa das Bestas en la provincia de Pontevedra, en la que se situó justo donde entraban los caballos salvajes. Él y la cámara acabaron llenos de polvo y con más de 50 moscas muertas dentro de la camiseta interior.
Miranda del Castañar, Salamanca, 1971 © Rafael Sanz Lobato, VEGAP
"El documentalista tiene que trabajar de una manera camaleónica. No puede ir vestido con ropajes llamativos y mejor que la cámara sea negra. Jamás he pedido permiso y a veces la gente se paraba incluso para posar. Yo les decía 'no, sigan. No me miren'. Hay que respetar las cosas como son, no hay que maniobrar nada".
En una ocasión, sí recuerda, que dos señoras de Miranda del Castañar, en Las Batuecas, en Salamanca, se taparon la cara. Sólo ahí notó que se metía en una intimidad a la que no estaba invitado. La muestra, que estará abierta hasta el 8 de septiembre, recoge ese trabajo que ha inspirado a tantos fotógrafos posteriores, como a la miembro de Magnum Cristina García Rodero. Una comida, una procesión, un partido de fútbol o un baile. Unas escenas que, hoy también, se siguen sucediendo.
'Rafael Sanz Lobato. Fotografías 1960-2008'. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (C/ Alcalá, 13. Madrid). Horario: de martes a sábado de 10 a 14h y de 17 a 20h. Hasta el 8 de septiembre. Entrada gratuita. Organiza la subdirección general de promoción de las Bellas Artes.Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

miércoles, 24 de julio de 2013

Gerda Taro, haben wir nicht vergessen


En memoria de Gerda Taro, (Stuttgart, Alemania, 1 de agosto de 1910 – El Escorial, España, 26 de julio de 1937)

De Wikipedia:

En 1936 da comienzo la Guerra Civil Española, que marcaría decisivamente a ambos. Se trasladan a España para cubrir el conflicto. Fueron testigos de diferentes episodios de la guerra, y realizaban reportajes que luego eran publicados en revistas comoRegards o Vu.
Al principio la marca «Capa» era utilizada indistintamente por ambos. Luego se produjo cierto distanciamiento entre ellos y Andre Friedman se quedó con el nombre de «Robert Capa».
Del trabajo de Gerda en solitario su reportaje más importante fue el de la primera fase de la batalla de Brunete. Gerda fue testigo del triunfo republicano en esta primera fase de la batalla. Este reportaje fue publicado en Regards el 22 de julio de 1937 y dio a Gerda un gran prestigio.
Sin embargo poco después las tropas franquistas iniciarían un feroz contraataque, y Gerda decidió volver al frente de batalla en Brunete. Allí Gerda fue testigo de los salvajes bombardeos de la aviación del bando nacional, y realizó muchas fotografías, poniendo en riesgo su vida. En aquel infierno murieron miles de republicanos y finalizó en derrota.
Gerda Taro perdió la vida en un accidente durante el repliegue del ejército republicano. Gerda se subió al estribo del coche del General Walter (miembro de las Brigadas Internacionales). En un momento dado, unos aviones enemigos volando a baja altura hicieron que cundiera el pánico en el convoy y Gerda cayó al suelo, tras una pequeña elevación del terreno. En ese momento un tanque republicano entró marcha atrás al camino saltando la elevación tras la que se encontraba Taro y cayendo sobre ella.
La oruga del tanque la destripó, por lo que fue trasladada urgentemente al hospital inglés de El Goloso de El Escorial. Allí murió pocas horas después, en la madrugada del 26 de julio de 1937, seis días antes de cumplir 27 años. Su cuerpo fue trasladado a París, donde recibió todos los honores como una heroína republicana. Sus restos se encuentran enterrados en la división 97 del Cementerio del Père-Lachaise,1 en París.

miércoles, 19 de junio de 2013

PhotoEspaña 2013: Bernard Plossu, Max Pam, duelo de documentalistas.


Bernard Plossu y Max Pam, duelo de documentalistas

El fotógrafo francés, galardonado con el premio PhotoEspaña 2013, por el conjunto de su obra “viajera, libre y cosmopolita”

Una de las fotografías de Max Pam que se expone en el Centro de Imagen EFTI.
Se conocen desde hace más de cuatro décadas y comulgan con los mismos principios fotográficos. Los dos son se definen como documentalistas buscadores de seres humanos en cualquier parte del mundo, el fotógrafo francés Bernard Plossu (1945 Đà Lạt, sur de Vietnam), premio PhotoEspaña 2013, y el australiano Max Pam (1949, Melbourne) comparten espacio en la exposición que esta mañana han inaugurado en el Centro de Imagen EFTI. Es un centenar de obras distribuidas en una sola sala en la que los trabajos de uno se van alternando con los del otro mostrando la personalidad de tipos comunes, de todas las edades, que uno se puede encontrar en cualquier parte del mundo. Desde España hasta Chiapas, pasando por Srilanka o Kabul.
No son exactamente los mismos lugares ni están realizadas en un mismo tiempo. Lo que tienen en común es la búsqueda de lo que diferencia a una persona de otra. Pueden ser las manos, la mirada, la manera de fumar un cigarrillo. Detalles personales en los que no tiene cabida la impostura ni la manipulación. Es gente sorprendida por la cámara, siempre analógica, de cualquiera de los estos dos artistas amigos.
Bernard Plossu, más que feliz por el reconocimiento de PhotoEspaña concedido por “su independencia al margen de la influencia de los tiempos”, explica que siempre le ha interesado documentar el tiempo a través de personajes únicos. Residente en París, pasa gran parte de su tiempo en España, país que descubrió en la década de los setenta. “España era entonces el país más vivo de toda Europa. Era el lugar en el que había que estar. La calle estaba llena de vida que te pedía que la retrataras”.
Fiel a sus cámaras de siempre, responde casi espantado cuando se le pregunta si utiliza las digitales. “No. No. El solo hecho de que puedas sacar 600 imágenes te da idea del disparate. No quiero más de 36. Es un tema de disciplina profesional. El mundo digital sirve para otras cosas, no para mí ni para lo que yo hago”.
Además del premio a Plossu, PhotoEspaña ha dado a conocer otros galardones. Carlos Pérez Siquier, logra el Bartolomé Ros por su papel como dinamizador de la fotografía española; Nancy Newberry, premio descubrimiento, Manuel Zamora, premio OjodePez por los valores humanos de su trabajo y mejores libros The little black Jacket, editado por Stedjl y Urbes mutantes (1941-2012), de RM-Toluca Ediciones.