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viernes, 16 de agosto de 2013

Elogio del fotógrafo


Elogio del fotógrafo de prensa

14ago 2013
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Los mejores periodistas que he conocido son fotógrafos.
Ahora que Oriol Maspons (84) nos acaba de dejar y que Juan Chávez (77) ha anunciado, en el mismísimo Marivent, que se jubila, me parece un buen momento para expresar en voz alta algo que no todo el mundo en la profesión periodística está dispuesto a reconocer. Yo lo afirmo porque así lo he podido comprobar, prácticamente a diario, durante todo el tiempo que llevo en esto: los fotógrafos que llevan el oficio en las venas son los mejores periodistas.
Si el periodismo es saber resumir, el fotógrafo es el periodista que mejor resume.
Si el periodismo es acertar cuando seleccionas, cuando eliges, cuando apuestas… el fotógrafo es el periodista que más acierta.
Si el periodismo es tener reflejos, saber dónde está lo importante y desechar lo accesorio, en eso el fotógrafo nos gana de calle a los “plumillas”.
Si el periodismo es hablar entre líneas, en eso los fotógrafos son verdaderos maestros. No estoy hablando de las célebres mil palabras que dice el tópico que equivalen a una foto, sino a esa magistral capacidad de mirar que yo he visto en tantos compañeros “foteros”. Esa manera de ver algo que tú, a pesar de estar en el mismo sitio, y a su lado, no descubres hasta que ves la foto hecha.
Si el periodismo es ser testigo, el fotógrafo es el periodista por excelencia. Sin presencia en el lugar de los hechos no hay foto.
Seguro que conocéis, y si no yo os digo que existen, muchos enviados especiales que han tenido la desfachatez de escribir sus crónicas sobre lo que estaba pasando en un determinado país sin salir del hotel en el que se alojaban: teléfono, teclado y punto: listo para enviar. El fotógrafo, no. El fotógrafo se tiene que chupar todas las guardias, todos los madrugones, estar en los sitios antes que lleguen los protagonistas, pasar frío o calor, intentar evitar los obstáculos con los que se encuentran, reticencias, groserías, también insultos…
Un fotógrafo que quiere informar casi siempre estorba, casi siempre lo están echando de los sitios. Salvo las fotos de familia y las ruedas de prensa, donde la vanidad de los protagonistas puede ayudarles en su trabajo, en el resto de informaciones el fotógrafo se lo suele currar luchando contra los elementos.
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Oriol Maspons se dio a conocer en los tiempos de la “gauche divine” catalana. Era un verdadero artista que ilustró decenas de portadas de libros por ejemplo, pero además llevaba en su interior un simpático gamberro de cuya condición dejó memorable constancia en sus años de correrías para “Interviú” junto alentrañable Luis Cantero, ya desaparecido también. Los trajes y las corbatas que Oriol casi nunca usó los gastaba Juan Chávez en “Hola” trotando por los palacios reales de todo el mundo, cubriendo bodas de cuento, viajes institucionales y variados fastos de “divinos” muy diferentes a los que fotografiaba Maspons. En cometidos tan dispares, ambos han sabido lo que es luchar contra los elementos, lo mucho que hay que torear para sacar lo que tú quieres, lo mucho que cuesta conseguir esa imagen que ves nada más llegar a un sitio pero que se te resiste…
Aquí no me caben todos los amigos fotógrafos junto a los que he disfrutado en viajes y saraos varios a lo largo de mi vida profesional. Buenos colegas de quienes aprendí gran parte de lo que sé. Me considero un afortunado por haber podido trabajar al lado de Eduardo Abad, de César Lucas, Germán Gallego, Fernando Abizanda o Julián Rojas. Tuve varios años a Emilio Morenatti en la mesa de al lado y he visto cómo, al terminar la faena del día, se iba a clases de inglés y a machacarse haciendo footing para cuando se marchara a Oriente Medio. Preparándose a conciencia.
En muchos fotógrafos de prensa, en los fotoperiodistas, he admirado la vocación, las ganas de buscar historias, de vivir una experiencia a tope para poder contarla luego mejor y he comprobado que hablábamos el mismo idioma: hay que estar en el sitio, vivir lo que está pasando, documentarlo y… contarlo cuanto antes.
En las redacciones donde empecé no solo había linotipias, máquinas de escribir y teletipos con campanillas. Existían también unos cuartos oscuros llamadoslaboratorios fotográficos. ¡Qué lejos quedan ya los procesos de revelado! Luego llegaron las primeras cámaras digitales. Carísimas. Y al poco tiempo se desmontaron los laboratorios para que las redacciones ganaran metros. No creáis que de eso hace tanto. Solo hace diez años que asistí, en vivo y en directo y con un nudo en la garganta, al desmontaje del laboratorio fotográfico, de la Agencia Efe en Andalucía.
Cuando lo digital arrasó y los programas de ordenador proliferaron parecía que fotógrafo podía ser cualquiera. Ya se han empezado a dar cuenta de que eso es un error. Aún así, en muchos medios se ha intentado infravalorar el trabajo de los fotógrafos hasta el punto de casi exterminarlos en algunos célebres expedientes de regulación de empleo
Pero el tiempo se va encargando de demostrar que nadie podrá sustituir la mirada del fotógrafo que lleva el periodismo en las venas. Una buena imagen siempre tendrá detrás un profesional con la vocación, el ánimo y el empuje que se precisan para jugarse hasta la vida, y a veces perderla, con tal de conseguir una buena instantánea.
La mirada del fotógrafo de prensa será siempre imprescindible. Y para mirar hace falta un profesional que tenga esa chispa que imprime a su trabajo el valor añadido del punto de vista. Es preciso esa fe que les lleva a insistir, esperar y repetir hasta que tienen exactamente lo que quieren. No es suficiente disponer de una buena cámara automática como muchos gerentes de prensa creen. Por eso sé que siempre necesitaremos locos de la vida como Oriol Maspons o Juan Chávez.
Brindo por ello.
P.D. Mi más sentido reconocimiento a Mick Deane (61) de Sky News, y a Habiba Ahmed Abd Elaziz (26) del digital “Xpress” del grupo  Gulf News. Ambos murieron este miércoles mientras hacían su trabajo como periodistas en los disturbios de Egipto. Otro día hablaré de los cámaras de televisión.

viernes, 15 de febrero de 2013

Paul Hansen gana el World Press Photo


FOTOGALERÍA










El fotógrafo sueco Paul Hansen gana el World Press Photo

El fotógrafo muestra la desesperación de dos hombres con los cadáveres de sendos niños en brazos. El galardón cumple su 56 edición como el más importante de su clase

Un grupo de hombres trasladan los cadáveres de dos niños en Gaza. (20 de noviembre de 2012). / PAUL HANSEN
El fotógrafo sueco Paul Hansen ha ganado la 56º edición del World Press Photo, correspondiente a 2012, con una imagen de Gaza. La imagen muestra la desesperación de dos hombres palestinos que llevan el cadáver de unos niños, muy pequeños, envuelto en sábanas blancas. El galardón es el más importante de su clase en el mundo, y al jurado le ha impresionado la forma en que Hansen ha sabido plasmar esa tragedia: “Ahí está todo, el dolor y el enfado; la desesperación y la pérdida. La fuerza de la foto radica en ese contraste con la inocencia de los pequeños. No se puede olvidar”, ha dicho Mayu Mohanna, miembro peruana del jurado.
Hansen, que trabaja para el diario sueco Dagens Nyheter, explica que los hombres llevaban a los menores por las calles de Gaza hasta la mezquita. El cadáver del padre sigue detrás, en una camilla, y envuelto también en lienzos blancos. Los chicos, Suhaib Hijzi y su hermano, Mohamed, tenían dos y tres años y perecieron en el bombardeo que destruyó su casa. El misil que reventó el edificio provenía del Ejército israelí.
El fotógrafo español Bernart Armangué (Barcelona, 1978) gana en la categoría de Spot news stories (historias de actualidad) con una imagen también tomada en Gaza, el pasado noviembre, para la agencia Associated Press donde trabaja.
Gaza (Noviembre de 2012). / BERNART ARMANGUE
Daniel Ochoa de Olza obtiene un segundo premio en la categoría de Retratos con un reportaje del regreso a los ruedos del torero Juan José Padilla. El fotógrafo también trabaja para la agencia AP. Emilio Morenattise hace con un tercer premio en la categoría de temas contemporáneos, con una serie de imágenes de las manifestaciones de Barcelona contra los recortes, el 29 de marzo de 2012, para AP.
El español Samuel Aranda fue el vencedor del certamen en 2011, con la imagen de un herido en Yemen durante las revueltas de la primavera árabe. Publicada en The New York Times, y tomada en la capital Sana, mostraba a una mujer cubierta con un velo consolando a un familiar herido.
El World Press Photo fue creado en Holanda en 1955, cuando los fotógrafos nacionales transformaron su propio concurso en uno internacional. El primer trofeo fue entregado en Ámsterdam. La Cámara de Plata holandesa se sigue otorgando, pero el poder de convocatoria de World Press Photo fue inmediato: el primer año, 42 fotógrafos de 11 países presentaron 300 imágenes. Para 1990, los aspirantes al premio sumaban ya 1.280 llegados de 64 países y con 11.043 fotos. Esta vez, han sido 5.666 candidatos de 124 países, con 103.481 fotos en mano. Además de 10.000 euros en efectivo, el ganador Hansen se llevará una cámara Canon y un lote de lentes.

viernes, 11 de mayo de 2012

los fotoperiodistan documentan en silencio



Samuel Aranda: "Los fotoperiodistas debemos documentar lo que vemos en silencio"

El fotógrafo español Samuel Aranda, galardonado este año con el premio de fotoperiodismo World Press Photo, dijo este viernes que se considera "un militante más que un fotógrafo" y que necesita conectar con las personas que capta en sus imágenes.
Santi Carneri (Efe) / Río de Janeiro.
11-05-2012
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Samuel Aranda, fotógrafo español ganador de la última edición del World Press Photo con una imagen publicada por el diario The New York Times que muestra a un herido en las protestas contra el Gobierno yemení abrazado por una mujer con un velo, explicó que precisa sentirse implicado "incluso a nivel político", y por eso no hace fotografía de moda.
El fotógrafo español revivió en una entrevista con Efe su reencuentro en Yemen con los protagonistas de la foto premiada y lo describió como "uno de los momentos más enriquecedores de su vida". "Me abrieron las puertas de su casa, conocí a toda la familia, me hicieron un pastel, fue una lección de humildad que me dio la vida, una historia muy bonita", señaló.
Aranda cree que para seguir muchos años como fotoperiodista "es necesario un compromiso con lo que se fotografía, como lo tienen los españoles Gervasio Sánchez o Emilio Morenattique llevan muchos años trabajando duro".
"Yo no soy un fotógrafo de primera línea, siempre estoy un pasito más atrás donde en cualquier conflicto hay historias muy interesantes también y más íntimas", dice.
Asegura que aunque no trabaja para obtener galardones, este último premio le ha abierto muchas puertas y que ahora va a realizar un nuevo proyecto retratando la transición de los países que recorrió este último año "mostrando el lado positivo de las sociedades árabes".
Sobre la ética a la hora de afrontar el trabajo destaca que "hay una línea muy marcada, los fotoperiodistas debemos documentar lo que vemos en silencio y sin intervenir en lo que esta pasando". "Hay un problema cuando algunos hacen trampas, retocando o eliminado gente de las imágenes, eso es peligroso", admite.
Aconseja a los que quieran dedicarse al fotoperiodismo que asuman que "es una maratón", y que a él le ha costado unos doce años conseguir "algo de estabilidad y continuidad en el trabajo".
Aranda participó hoy en un debate en el Instituto Cervantes de Río de Janeiro con el fotógrafo argentino Alejandro Kirchuk que fue también galardonado en el World Press Photo por su proyecto sobre el mal de Alzheimer.
Kirchuk ganó el premio en la categoría Vida Cotidiana por una serie de fotos que muestran los últimos años de vida de su abuela, que sufría de Alzheimer, y de los cuidados que su abuelo le dio hasta el día de su muerte. "Este proyecto me sirvió para pasar más tiempo con ellos y acercarme a la profunda historia de amor que me encontré", indicó a Efe el fotógrafo argentino de 25 años.
Kirchuk coincide con Aranda en que es necesario un compromiso y un vínculo personal para lograr profundidad en las imágenes, "porque buenas fotos se pueden hacer en cualquier momento pero para conseguir una mayor profundización es necesario algo más". "Tras el premio, mi intención y mi vocación no cambian en absoluto, lo que sí que cambia es que se abren puertas que de otra manera serían más difíciles de abrir", dijo.
Formado en una escuela de fotografía "de tendencia artística" y en la Escuela de Fotoperiodismo de Buenos Aires, Kirchuk continúa ahora con dos nuevos proyectos "muy personales", uno sobre la familia de un amigo que acaba de tener un hijo y "de como ese nacimiento altera la dinámica familiar" y otro sobre el fútbol como fenómeno social y cultural en Argentina.