Mostrando entradas con la etiqueta Campúa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Campúa. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de octubre de 2013

[todo] Centelles en Zaragoza







Octavi Centelles nos ha llamado desde la estación del AVE en Zaragoza, a menos de diez horas para la inauguración de [todo] Centelles.

No tenemos noticia de los comisarios de la exposición, ¿descortesía o ausencia justificable?

El equipoOctaviCentelles no ha participado en la elaboración o investigación de los textos de [todo] Centelles, no podemos competir con profesionales con tantos años de experiencia y metodología, felicidades Gasca's.

Pero Octavi Centelles tiene un proyecto: Agustí Centelles i Ossó, su padre, su maestro, su ejemplo en la vida personal y profesional. Un home com cal.

[todo] Centelles era un proyecto de instalación audiovisual, pero Octavi Centelles rapidamente contactó con las diferentes entidades, universidades, museos etc. para ofrecer de manera desinteresada una parte de su colección particular. Sin percibir fee alguno, además, un lote específico del Frente del Este lo donará a la Universidad de Zaragoza y alguna sorpresa más.

Estamos impresionad@s por las peticiones de información para programar una amplia itinerancia por toda Europa.

Felidades Gasca's, enhorabuena Octavi Centelles y sobre todo "la memoria de todos", como Octavi puso en su twiter a la familia Campúa.

@equipoOctaviCentelles,


domingo, 22 de septiembre de 2013

Héroes sin armas



Durante la primera mitad del siglo XX, fotógrafos españoles como Campúa, Alfonso y Díaz Casariego, convertidos en héroes sin armas de la guerra civil española, fueron testigos de la historia de nuestro tiempo. El documental surge tras el rescate del legado fotográfico de Luis Marín.

@OctaviCentelles 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Juan Gyenes en la Biblioteca Nacional.


Gyenes, la historia de una época a través de sus fotografías
La Biblioteca Nacional ha sacado a la luz parte de los fondos que custodia del artista

Cultura | 12/09/2012 - 14:44h

Madrid. (EFE/Mila Trenas).- La Biblioteca Nacional ha sacado a la luz parte de los fondos que custodia del fotógrafo Juan Gyenes en la exposición que dedica al maestro, considerado como uno de los más destacados fotógrafos de la segunda mitad del siglo XX, con motivo del centenario de su nacimiento.
Gyenes, de origen húngaro, fue testigo de los acontecimientos políticos, sociales y artísticos más importantes desde su llegada a España en 1940. Autor de los retratos de las grandes personalidades del momento, sus imágenes componen la memoria del país.
Gyenes. Maestro fotógrafo está formada por alrededor de 150, imágenes seleccionadas por el comisario Fernando Olmeda entre las miles que componen el legado que custodia la Biblioteca Nacional.
Además, se pueden contemplar cámaras fotográficas, utensilios personales, piezas de colección, medallas y condecoraciones, materiales escritos y audiovisuales que completan el repaso a la vida y la obra de un fotógrafo reconocido, pero poco conocido, según el comisario.
La muestra, de carácter casi antológico, hace un recorrido cronológico por la vida y obra de Gyenes, comenzando por el trabajo previo que realizó en Budapest y en El Cairo, antes de asentarse en España, con numerosas piezas inéditas.
A través de los diferentes apartados, "el visitante puede hacerse una idea clara de su obra, de los temas que le interesaron y de los diferentes estilos de Gyenes", para el que las bellas artes fueron fundamentales tanto en su trabajo como en su vida, en opinión del comisario.
Para Fernando Olmeda, periodista especializado en la figura de Gyenes y autor de su biografía, ha sido importante mostrar no solo al fotógrafo, "hombre polifacético cuya personalidad va mucho más allá que la de retratista", sino también a la persona.
Organizada en cinco apartados, se pueden contemplar imágenes icónicas como la fotografía de Franco, "la más reproducida de la historia", que sirvió para una edición de sellos puesta en circulación en 1955 y que marcó la filatelia básica española hasta la muerte del dictador.
En otro de los capítulos se ha reunido el álbum personal formado por imágenes de su vida, mientras que el dedicado al retratismo permite contemplar algunos de sus retratos menos conocidos.
Junto a este área, la compuesta por las imágenes relativas a las artes escénicas, las vinculadas a la danza, el teatro y la música, forman la parte esencial del recorrido que finaliza con un capítulo sobre "las rarezas", imágenes que ayudan a explicar su evolución artística y que también son inéditas.
Fotógrafo favorito de aristócratas y testigo de la vida social, en la exposición se pueden contemplar imágenes de la familia Real, de diferentes momentos de la vida de la Duquesa de Alba así como de Fabiola de Mora y Aragón; de la familia Franco o de la de Gregorio Marañon; Julio Iglesias e Isabel Preysler o Pedro Chicote.
Fotografías como la que hizo a Manuela Vargas en 1969 muestran su maestría en el blanco y negro y su manejo de la luz, del claroscuro del maestro que concebía la danza como un arte, la belleza en movimiento.
Gyenes pensaba que retratar a un bailarín no era fácil porque en su opinión producen cada día algo nuevo en sus ejecuciones, una libre interpretación según sus momentos de duende. Antonio, Carmen Amaya o María Albaicín son ejemplo de ello.
El teatro fue otra de las pasiones de Gyenes, que ya en Hungría estuvo vinculado a él. Como recuerda Fernando Olmeda en el catálogo de la exposición, el fotógrafo se convirtió en notario de la dramaturgia española de la segunda mitad del siglo XX. Imágenes de las representaciones de Don Juan Tenorio, El tragaluz, Yerma o Divinas palabras dan muestra de ello.
Hijo de violinista, la música fue también fundamental en la vida y en la obra de Gyenes como queda documentado en la exposición con imágenes del Orfeón Donostiarra, Rostropovich, la Orquesta Nacional de España, Ainhoa Arteta, Montserrat Caballé o Plácido Domingo.
Testigo de acontecimientos como la visita de Eisenhower en 1959, de Grace Kelly en 1966 o del Festival de Eurovisión, de 1969, Gyenes retrató también a personalidades como Andrés Segovia, Cristobal Balenciaga, Jacinto Benavente, Severo Ochoa, Dalí o Pablo Picasso, presentes en la intensa trayectoria de este artista de la luz que fue testigo de una historia.




Leer más: http://www.lavanguardia.com/cultura/20120912/54349242252/gyenes-fotografias.html#ixzz26Ks72VXh
Síguenos en: https://twitter.com/@LaVanguardia | http://facebook.com/LaVanguardia

Ver Antonio Gades, ayudante de Gyenes


«Vivir es un placer»


Quisiera aclarar dos definiciones inexactas sobre la persona de mi padre, don Juan Gyenes, fotógrafo, que publica erróneamente doña Sara Montiel en su libro «Vivir es un placer».
En la página 86, doña Sara dice que, cuando conoció a Gyenes, era un fotógrafo húngaro, «refugiado» y «protegido» por Campúa.
Juan Gyenes llegó a España en 1940, siendo corresponsal del «New York Times», procedente de El Cairo, donde había sido enviado como tal durante dos años, en tránsito para Estados Unidos contratado por la Metro Goldwin Mayer. Durante su estancia en El Cairo, hizo gran amistad con el cónsul español, que le insistió para que viniera primero a España 15 días.
Ya en Madrid, por medio de un amigo, conoció al fotógrafo José Campúa, que le propuso trabajar en su estudio. Gyenes retrataba, Campúa firmaba. Tres años después, inauguró su propio estudio en Isabel la Católica, 12, esquina a Gran Vía, donde permaneció 55 años.
Por lo tanto, queda aclarado que Juan Gyenes, ni era «refugiado» ni estuvo «protegido» por nadie.
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-18-01-2001/abc/Cartas/vivir-es-un-placer_5425.html
Irenka Gyenes.
Málaga.

domingo, 19 de agosto de 2012

Sevilla, la fragua de André Friedman


La fragua sevillana de una leyenda

La periodista Carmen Rengel aborda en 'El viaje andaluz de Robert Capa' la estancia del fotógrafo húngaro en Andalucía · André Friedman inmortalizó la Semana Santa hispalense y la Feria de Abril
J. A. ARIAS TORIBIO / SEVILLA | ACTUALIZADO 20.08.2012 - 05:00
zoom
Miradas de Capa. Arriba a la izquierda, imagen del pueblo sevillano aguardando el paso de las cofradías en la Semana Santa de 1935; a la derecha, instantánea de un joven nazareno en la salida procesional de la Hermandad de las Cigarreras; abajo, 'Muerte de un miliciano', fotografía tomada por el reportero húngaro en Cerro Muriano, Córdoba, en plena Guerra Civil española, la que a la postre se convertiría en el principal icono de su obra y lo impulsaría a la fama.
Share
Un año antes del estallido de la Guerra Civil, Robert Capa (Hungría, 1913- Indochina, 1954), el fotógrafo de guerra más destacado de la historia, inmortalizó el sentir popular de Andalucía. "Cuando vino, Capa aún no era Capa, sino André Friedman, así que nadie tuvo interés en cuidar como el tesoro que son los clichés de su viaje", sostiene Carmen Rengel (Albacete, 1980), autora de El viaje andaluz de Robert Capa, un exhaustivo ensayo publicado por el Centro Andaluz del Libro que refleja el periplo en que el artista húngaro se estrena como enviado especial al extranjero.

"Bebedla a grandes tragos", decía un verso de Bertolt Brecht en referencia a la vida, filosofía que Capa siguió a rajatabla durante aquel 1935. Ensanchó su presente y aceleró el ritmo de los días: "Era un veinteañero ávido de sensaciones que aterrizó en Sevilla y quiso tomarle el pulso. En aquella visita -explica Rengel-, Capa disfrutó por encima de todas las cosas". Aún no se hallaba tan involucrado políticamente -"más centrado en el placer que en el sufrimiento"-, pero ya había sido perseguido en su Hungría natal.

Antes del laurel y la fama, André Friedman -un año después, con la llegada de la guerra, cambió su nombre por Robert Capa- probó el anonimato y la inestabilidad del oficio. Tras no encontrar opciones en San Sebastián y Madrid, la pasión solemne de la Semana Santa de Sevilla y el regocijo de la Feria de Abril le permitieron dar sus primeros pasos fructuosos en la profesión. Posaba siempre su objetivo sobre cómo las personas afrontaban, vivían y digerían los eventos -más que sobre lo ceremonial-; según Rengel, se trataba de una "manía suya de mirar a la gente y no sus accesorios".

Ajeno a la devoción y las cofradías, a los volantes y las sevillanas, al entendimiento autóctono de las citas vernales de la ciudad, Capa suplió su desconocimiento -"hasta mezclaba en sus cartas la descripción de la Semana Santa y la de la Feria, como si fuesen una única celebración"- centrándose más "en los efectos de la fe que en las figuras que la generaban", lo que encandiló poco a poco a sus jefes. "La ciudad debería elegir, un siglo de estos, alguna fotografía suya para el cartel de las Fiestas de Primavera", expone Rengel, quien considera que "para Sevilla sería maravilloso" poder disfrutar algún día de todo el material de Capa, cuyos negativos "siguen en manos de la familia de sus editores" y, en mayor proporción, de "los herederos de su hermano Cornell".

En 1936, acompañado por su pareja personal y profesional, la también fotógrafa Gerda Taro, André, que ya era Robert, se enfrentó al horror, al contraste con la hermosura que había vivido un año antes. Arrimó su hombro al de cualquier combatiente anónimo y se dispuso a disparar, a disparar eternidad con su cámara. Ya en plena batalla, en Cerro Muriano, retrató Muerte de un miliciano, la fotografía que le condujo a la gloria. En palabras de la autora, la imagen supuso "el aldabonazo ante los fascismos por venir y la estampa final de la guerra de fusil y trinchera". "Son los valores de la democracia reventados en el campo de batalla", apostilla. La autora del libro huye de las teorías que apuntan a que la imagen estaba fingida y zanja la polémica: "El periodismo, más allá del icono, es verdad, y creo que no hubiese consentido tal mentira".

Ya en el 37, la travesía andaluza de Capa lo llevó hasta Almería, donde fotografió a los refugiados que habían escapado del brutal bombardeo nacional de Málaga. También se presenció en la zona de La Granjuela, en Córdoba, junto a los resistentes republicanos. El fotógrafo trató de "eludir fotos con fusiles o tanques, ¿para qué, si una mirada cuenta mejor el dolor y la dignidad?", señala Rengel. El reportero se llevó del sur el impulso definitivo que catapultó su carrera y que le convertió en leyenda, pero también el dolor por la muerte de su amada y por la derrota de su pensamiento progresista.

Carmen Rengel, que en la actualidad trabaja como freelance para importantes medios españoles en Jerusalén, ha aprovechado el atractivo de este libro -"escrito como un reportaje largo, como las noticias diarias"- para homenajear a los fotoperiodistas andaluces: "Estoy cansada de hablar con corresponsales de medio planeta que dicen que Andalucía no ha parido contadores de guerras". Desde pioneros como Enrique Facio o la familia Campúa, la autora desglosa la trayectoria de Pablo Juliá, Gervasio Sánchez, Emilio Morenatti, Rafael Marchante, Laura León o Sergio Caro, todos ellos con la esencia de Capa en sus miradas.

jueves, 17 de mayo de 2012

una foto que tiene autor: el gran José Demaría CAMPÚA.


La historia de una foto que tiene autor

Por:  | 17 de mayo de 2012
Jose Demaría Vázquez (Campúa]
El torero Ignació Sánchez Mejías llora la muerte de Joselito en la enfermería de la plaza de toros de Talavera de la Reina (Toledo) el 16 de mayo de 1920. Fue reproducida por primera vez en la revista Mundo Gráfico el 19 de mayo y firmada por Campúa (seudónimo de José Demaría Vázquez). Más tarde, apareció impresa en el libro Joselito, que se editó ese mismo año, escrito por El Caballero Audaz con imágenes del mismo Campúa. Fotografía: Archivo Campúa. 

Es una de las imágenes más emblemáticas de la historia de la fotografía taurina y, quizá también, una de las más dramáticas, aunque la escena no se desarrolle en un ruedo. El torero Ignacio Sánchez Mejías, inclinado sobre el cuerpo sin vida de Joselito, apoya su mano derecha en la cabeza del diestro sevillano muerto de una cornada horas antes en la plaza de Talavera de la Reina, y con la izquierda sujeta su desconsuelo. La firma de esta fotografía también ha padecido una auténtica desventura. Atribuida en ocasiones al fotógrafo Baldomero, y en otras no aparece reseñada, reproducida en incontables ocasiones, la instantánea fue realizada por José Demaría Vázquez, Campúa, y fue publicada por primera vez en la revista Mundo Gráfico el 19 de mayo de 1920, tres días después del fallecimiento de Gallito. El argumento de este texto es averiguar qué produjo este desconcierto.
La incertidumbre surgió con la elaboración del artículo para este soporte digital y en el que se relataban las horas trascurridas en el último día de la vida de Joselito, la efeméride más recordada en la memoria de los aficionados y en la historia taurómaca. La imagen tomada en la enfermería de la plaza de toros de Talavera de la Reina es uno de los momentos imprescindibles en la secuencia de los hechos. ¿Quién hizo esta foto? ¿Quién estaba allí? ¿Quién acertó a plasmar el acontecimiento de mayor trascendencia entonces, y aún hoy, en el mundo de los toros?
El único informador de los hechos fue Gregorio Corrochano, crítico taurino de ABC, que había acompañado a Joselito hasta Talavera por tratarse de un amigo personal del diestro, además de ser el pueblo toledano su lugar de nacimiento. En el encabezamiento de la crónica del día siguiente, 17 de mayo, en la edición de la tarde, el rotativo madrileño aseguraba que era “el único revistero asistente a la corrida”, y el cronista relataba en su narración cómo “desde las dos (de la madrugada), y ya casi sin interrupción, empezaron a llegar automóviles desde Madrid con redactores y fotógrafos de todos o casi todos los periódicos. Todos, sabiendo que había sido el único revistero que asistió a la corrida, me interrogaban con las mismas palabras e igualmente alarmados. ¿Pero qué ha pasado? Ya lo veis –les respondía-. Que a Joselito le ha matado un toro”.